sábado, 7 de junio de 2014

Albahaca

Sábado, agua, bosque, paseo, aire libre, olor a jara y a albahaca fresca. Vaya pasta al pesto que se me está ocurriendo. En próximas entregas.

jueves, 24 de abril de 2014

Torrijator IV (se lee Torrijeitor) en Los libros y yo.

Hace muchos días que no escribo nada, no saltaba la chispa. Hasta que lees algo que te inspira, y te da ganas de escribir mucho y además sabes que será largo, y que como comentario quedaría obscenamente grande. Hoy encontré la conexión con una conversación con mi hermana hace unos días.
 
Mi hermana es maestra. De las buenas. De las que tienen vacaciones con sus hijas, pero también de las que trabajan en sus clases dentro y fuera del colegio: sobre todo fuera, en su casa, mientras los demás leemos, o planchamos, o vemos la tele. En ese tiempo ella termina de preparar treinta marcos con todas las piezas que los niños prepararon para el día de la madre, o se prepara material (comprado por ella misma) en su propia plastificadora, con sus propias fotocopias a color, de su propia impresora rellena con su propia tinta. Creo que los profesores son los únicos que en lugar de robar folios...los llevan al trabajo.
 
Como iba diciendo...me contaba que en las extraescolares de mis sobrinas, hay que sortear las actuaciones en solitario...porque todos los niños quieren. Y que en su clase pedir un voluntario para salir al encerado es tener que elegir entre veinte manos ¡Con la vergüenza que nos daba de pequeñas salir a la pizarra! ¡A todos!
 
Llegamos a la conclusión de que nuestros niños tienen la autoestima por las nubes. Y que el respeto, la aprobación constante, y el refuerzo permanente que los maestros muestran a los niños está influyendo en eso ¿para bien? Desde luego nos recordó que lo contrario no estimuló nunca, sino todo lo contrario. Y que incluso nos empujaba a esconder hábitos tan saludables...como la lectura.
 
De pequeña yo fui una mentirosa. No porque lo fuera, pero los demás me lo decían.
Y alguna vez tuvieron razón: mentí. La profecía autocumplida.
 
Empezó pronto, a los tres años. Yo le digo a mi madre que no es lo mismo tener treinta y seis meses, los tres años justos, que tener cuarenta y cinco meses, o casi los cuatro años. Ella insiste, aunque como yo, también fue tratada como mentirosa. Porque decía que yo leía con tres años, y los vecinos que veraneaban en la casa de al lado, y que siempre fueron "los madrileños" no lo creían. Recuerdo como él, maestro, un auténtico amor y al que recuerdo con gran cariño le recriminaba a su sobrina y a mi madre que fueran diciendo eso de mí, que les cegaba el amor y que daban vergüenza ajena. Y que lo que yo hacía era como otros niños: repetir lo memorizado y tantas veces leido por mama.
 
-¿Sí?-dijo su sobrina-pues dale el ¡Hola!
Hay cosas que mi madre me cuenta y yo no recuerdo, o tengo una imagen que sé es imaginada por los relatos. Pero de ésto me acuerdo. Porque ella me dijo, ¡lee! y yo comencé a leer como un papagayo cosas que no recuerdo, y que no comprendía, y que me resultaba tan fácil de leer, y no entendía por qué mi vecino, que me quería tanto, no se creía que pudiera hacer...eso. No me dejó leer apenas, rápido impidió que siguiera con una prueba que me denigraba, por evidente, impidió que siguiera leyendo, incómodo, y supongo asombrado de tener que darles la razón.
 
Mi madre debía tener razón, porque cuando yo entré en parvulitos sabía leer, y no entendía por qué más adelante, cuando comenzaron a enseñar a leer después de pasar los horribles años de pintar jarrones sin salirte, los demás niños competían por la palabra por la que iban (voy por el "tomate" y yo por el "papá") cuando a mí no me pasaban de la tercera página de la cartilla, pero me pasaba el rato leyendo cuentos yo sola. Otras madres en la puerta (en realidad quienes competían eran ellas) me preguntaban ¿y tú por donde vas? y yo decía mi página, la tercera...y tenía que soportar sus comentarios de sorpresa...aprendí a callar, que a veces es lo mismo que mentir.
 
El curso escolar era bueno. La biblioteca del colegio abría cada día a un curso, de forma que sólo un día a la semana podíamos coger libros. Solo uno, que leía ávidamente no recuerdo que fueran ni horas...tal vez sí, tan rápido se me pasaba el tiempo. El mismo día que lo cogía ya me lo había leido y tenía que esperar otra larga semana para devolverlo y poder coger otro. Una de las chicas mayores que los prestaba me dijo un día que mis fichas naranjas de dos caras (aquellas personales, donde te apuntaban los libros que te habías llevado) eran las más llenas, y que era la única a la que le había tenido que abrir otra. En octavo curso podías ser responsable de biblioteca y prestar los libros. Le pedí permiso a la profesora que lo llevaba y me permitió llevarme dos libros a la semana ¡dos libros! no podía creer mi suerte. Aunque seguía pasando una semana entera entre que los cogía, los leía y los tenía que devolver. Negra suerte. Dos tampoco eran suficientes.
 
Pero tenía para comer el resto del tiempo, porque la biblioteca municipal abría de lunes a viernes y si se me acababa el libro que tenía entre manos, podía devolverlo y coger otro. Lástima que no abundara la sección juvenil, los infantiles eran muy infantiles y me sirvieron poco tiempo, y el resto de la biblioteca era de adultos. Esta escasa selección infantil era extendida con el sencillo método de prestar un solo libro también. Oh.
 
Siempre estaba pidiendo de comer (leer) a mi madre, que tenía una extensísima biblioteca. No recuerdo decirle que me aburría. Recuerdo decirle muchas veces en mi niñez, mientras miraba sus libros ¿qué me leo? y a ella desesperada buscando y buscando: éste no, éste tampoco, éste espera....me lo tengo que leer, creo que sí, este...bueno, éste venga va, seguro que ya entiendes...
 
Uno de esos largos veranos mi vecina la de Madrid, me ofreció ver los libros de cuando sus hijos eran jóvenes: cuando conocí a Los Cinco. Me puse delante de su colección, y me dijo que cogiera lo que quisiera. Quise coger tres, y me dijo que no, como si los fuera a perder. Que cuando leyera uno, fuera a por otro. Me pareció que la iba a molestar bastante entonces. Me metí en casa y lo leí aquella tarde, así que fui a devolverlo y a por repuesto. Aún recuerdo su gesto escéptico como si no hubiera podido darme tiempo a leerlo, no se lo creían.
Lo recuerdo con pena, porque de nuevo aprendí a callar, que a veces es lo mismo que mentir. Cogí otro libro y con desesperación porque no iba a poder devorarlo a la misma velocidad, o sí hacerlo, pero no devolverlo tan rápido para que no volvieran a decirme que era mentira...otro freno.
 
En la biblioteca municipal eso no pasaba, y estaba deseando que volviera a abrir, porque allí podía devolverlos cada día sin comentarios, solo con la mirada de respeto del bibliotecario, ¡tan joven entonces! Algún año más tarde le pedí si podría llevarme los libros de dos en dos, como los mayores. Y me dijo que sí, si le ayudaba a rellenar las fichas de los libros nuevos y a poner las tejuelas....¡no podía creer mi suerte! iba a hacer todo eso que él hacía y que yo tanto admiraba...¡y encima me podría llevar los libros de dos en dos!
 
Qué perjudiciales son los juicios, especialmente en la infancia, y cuántas puertas abren la carencia de ellos.
 
Recuerdo con diez o doce años. En mi cumpleaños, un día 15 una de mis amigas me regaló Tom Sawyer. No era una edición infantil, como otras de la editorial Bruguera que había leido, muy cortitos (Mujercitas, Hombrecitos, Miguel Strogoff...¿recordáis?) No, este era su versión tal cual, gordito o al menos en su momento me lo parecía. Un sueño. El día 17 jugábamos en la calle, y me preguntó si me había gustado el libro y si me lo había empezado a leer. Le dije que ya me lo había leido y que me había encantado. No me creyó, me llamó mentirosa, y yo volví a decidir que leer era un asunto muy privado y que no volvería a contarle a nadie lo que leía, ni mucho menos cuánto tardaba en leerlo ¿por qué esta duda? no podía comprenderlo, nunca pude, aún no lo entiendo.
 
La conversación con mi hermana sobre la autoestima actual de los niños me recordó un nuevo episodio. No recuerdo en qué curso, la profesora de lengua nos hizo una prueba de lectura. Tal vez la recordéis: nos daban un texto, que teníamos que leer mientras cronometraban. Cuando nos decían que paráramos, nos iba preguntando uno a uno, la palabra exacta de la frase hasta donde habíamos podido leer. Algo absurdo e incompleto, porque sin valorar la comprensión, la velocidad lectora queda coja.
 
Yo lo leí, entero. Cuando terminé volví a empezar a leerlo. Más lentamente. No sabía que hacer con mi tiempo, ya lo había leido. Dijo que paráramos. Yo estaba en el penúltimo pupitre de la clase esa semana (íbamos rotando) por lo que tuve oportunidad de escuchar todos los sitios hasta donde los demás habían llegado mientras ella tomaba nota. Nadie había terminado, unos hicieron un párrafo, otros dos, otros dos y medio. Llegó a otro compañero que le dijo que lo había leido todo.
 
-Ella levantó la cabeza, y con voz muy despectiva le dijo que eso era imposible. Él se puso muy muy rojo, y le volvió a decir que lo había leido todo. Ella murmuró algo como que no era verdad, ni siquiera sé qué llegaría a apuntar.
 
Cuando llegó a mi sitio y me preguntó hasta donde había leido callé. Y callar a veces es como mentir. Callé toda mi primera lectura completa, y le dije solamente hasta donde había leido en mi relectura.
 
Igual que ahora, que piden un voluntario en clase, y salen todos...
 
Cuando pienso en mis estímulos para la lectura, todo son impedimentos, el dinero, los horarios restrictivos de las bibliotecas, de sus préstamos, los juicios de mi entorno.
Sólo tengo dos estímulos positivos, mi madre y su pasión igual a la mía, la única que más que comprenderlo, lo respiraba como yo, era algo natural y yo solo quería hacerme mayor como ella para poder leer su biblioteca sin restricción; y el bibliotecario de mi infancia, otro amante y voraz lector del que recuerdo siempre una actitud de respeto.
 
 
Uno de mis libros favoritos de niña más releído
 
 
Porque si miramos hacia atrás, recordamos muchas cosas, pero aunque fuéramos muy pequeños, recordamos perfectamente quien nos respetaba y con quién nos sentíamos cómodos para ser nosotros mismos, y con quién no.
 
Otro de mis muy favoritos infantiles
Nada ni nadie salvo mis propias circunstancias han impedido que siga drogándome con la lectura, pero sólo, y desde no hace mucho, con tantos blogs con reseñas que devoro para buscar más horizontes, me animo a contar lo que leo. Pero aún así, sigue costándome contar todo lo que leo, porque he aprendido a tenerlo privado. Y eso...creo que es un lastre que sigo arrastrando. Ya no leo tanto como me gustaría, y tengo muy claro como serían mis vacaciones ideales: unos días de absoluta falta de responsabilidad, en los que pudiera comer lo que me prepararan cuando tuviera hambre, y dormir cuando tuviera sueño y pasar el día leyendo sin descanso hasta saciarme y que me doliera la cabeza. Sólo recuerdo dos etapas así: mi infancia, y cuando terminé la selectividad, y ya sin nada que estudiar, me zampé 30 libros seguidos en el verano. Jamás he vuelto a leer a ese ritmo y envidio a los que sí lo hacen y siguen haciéndolo. Tardé al menos tres meses en leer Crimen y Castigo con la Niña chica recién nacida, lamentando elegir entre leer otra página, o dormir, porque no era buena dormidora la niña chica y me llevaba de cabeza. Disfrutando esas dos páginas (y releyendo las dos anteriores para situarme de nuevo...un desastre de lectura, si incluso así me gustó...no quiero imaginar leyéndolo del tirón) He leído cada día de mi vida desde que tengo memoria y lo leo todo, lo bueno, lo malo, lo regular, y las etiquetas, las columnas, todo. Aunque también he aprendido a dejar libros abandonados. No conozco placer terrenal mayor que leer un libro que te gusta del tirón.
 
¿Y vosotros?
 
Feliz día del libro. Feliz semana del libro.
Este fin de semana por la mañana, en la biblioteca de nuestro pueblo hay un taller para niños y cuenta cuentos, y el martes la niña chica repetirá experiencia de excursión con el cole ¡Nunca son suficientes!
 
 
Y como no, receta. Porque ha vuelto Torrijator, con su última tanda para despedir a la ya pasada Semana Santa.
 
 
 
 
 
Pd. No me puedo creer que éste sea el Torrijator IV...aquí los anteriores, ¡para que no se me pierdan más que nada!
 
 
 
 

miércoles, 19 de marzo de 2014

El padrino

Un día de aquella guerra paseábamos del brazo por aquellos pasillos, los que fueron nuestro último hogar, porque el hogar está allí donde están los tuyos.
Estabas desanimado, y aunque no hablabas claramente, sí lo dejaste escapar: tenías miedo de perder las batallas, la guerra.
 
En ese momento cruzábamos el hall de aquella clínica vieja, y sobreutilizada, por delante de la maqueta del gran hospital que ya entonces estaba proyectado, y que aún tardó muchos años en construirse.
 
Era media tarde. El sol entraba por las cristaleras por nuestra derecha. Ibamos agarrados y te contesté que aún tenías que llevarme del brazo al altar, porque llevábamos muchos años de novios el santo y yo, para que nos dejaras colgados.
 
Dí en el blanco. Te estiraste, erguido, recuperaste tu apostura, y la compostura. El orgullo de padre de la novia te trajo arriba de nuevo, y en tus ojos vi brillar la meta, la ilusión. Eras muy facilón, y cualquier cosa te ilusionaba, como a mí, adoro haberlo heredado de ti.
 
Perdimos la guerra.
El tío me llevó al altar en tu lugar. Lloré por dentro todo el pasillo, y sollocé los votos porque no estabas.
 
Mierda.
Hoy me he enfadado con el santo, ha llamado a su padre a las seis de la tarde, después de recordarle tres veces que lo hiciera.
En realidad es pura envidia.
Porque no puedo llamarte.

miércoles, 12 de marzo de 2014

El día después

Ayer se cumplieron 10 años de lo que todos recordamos y recordaremos para siempre. Es una fecha redonda, una década ya, el tiempo pasa pese a todo y a todos.
 
Hasta tres veces pensé en poner, como cada año, un recordatorio...pero también me echaba atrás hacer algo por obligación, sólo porque lo he hecho siempre. Y qué más da. Este es mi espacio, a mí no se me olvidan, no se le olvidan a nadie.
 
Y menos este año, que en mi casa mi niña grande percibe por las noticias la noche del 10 de marzo, que esa historia que cuenta mamá de los días terribles previos a su nacimiento, merecen una reflexión en voz alta en el cole, ante sus compañeros.
 
Les ha inculcado su profe la buena costumbre de reflexionar y ahondar sobre las cosas de su entorno que les causan curiosidad, les premia el esfuerzo de sentarse y escribir sobre ello y compartirlo con los demás en su clase.
 
Anteayer mi niña grande por la noche se sentó a escribir lo que pasó aquel día, y yo, le fui contando y dictando los hechos, el horror, la pena, la solidaridad de aquel día. Y nos queríamos guardar todo lo demás. Se lo explicamos, pero ella escuchando, decidió no poner.
 
Ayer mi niña decidió también, no invitar a Aznar, ni a Zapatero, a su acto de recuerdo.
 
Y yo escribo hoy, porque después del 11-M hubo un día después, un día de estupor, de dolor, de miedo, de rabia, de indignación.
 
Y ayer, y hoy, y mañana, y como siempre, para los heridos, para las familias, para los ausentes....nuestro recuerdo, nuestras oraciones, nuestros abrazos apretaos.
 
 

viernes, 7 de marzo de 2014

Los viernes al sol

Es salir el sol, que lo pinta todo de otros colores, y es sentir viéndolas, así sentada en un infrautilizado banco del parque tras tantas semanas de lluvia, fríos y vientos, un no sé qué que qué se yo, que debe ser felicidad.
Es frágil. No hay que caer en la tentación de mirar mucho hacia delante, ni hacia atrás. Solo hacia ellas, con un ojo, mientras tenemos el otro cerrado mirando al sol.

sábado, 1 de marzo de 2014

Huevas aliñás y Mi Alma Perdida (de Amaral)

No, no tengo el alma perdida, aunque de lo que quiera hablar sea de un sentimiento que no la beneficia mucho: la envidia.

No soy una persona envidiosa, entre otras cosas porque soy más simple que el asa de un cubo. Pero ayer cuando venía conduciendo a casa, pensaba que sí hay tres cosas que claramente he envidiado y que a veces aún envidio:
 
La primera es ver a una mamá con su bebé, o su niña pequeña mientras yo estoy trabajando. Me gusta mi trabajo, pero más ellas, aunque me cansen. Cuando eran más pequeñitas el pinchazo era más fuerte (como si la Niña Chica no fuera aún chiquitita...)

 
La segunda, mucho más mundana, es cuando veo a alguien fumar su cigarro después de comer, o del café. Soy exfumadora y envidio profundamente a los fumadores que pueden fumar uno, dos o ningún cigarro al día sin inmutarse. Yo no, yo lo daba todo y fumaba demasiado. Ahora sólo envidio algún cigarrito, pero no mucho. La cuenta de beneficios por no hacerlo es mayor, no me cuesta.

 
La tercera es tener un chorro de voz como el de Eva Amaral. Me gusta cantar, pero lo hago fatal. Cuando escucho esta canción en el coche-que tiene que ser esta versión, en acústico- sólo con Eva cantando y Juan a la guitarra, sin arreglos, la subo y canto arropada por la voz de ella para no oir mis gorgoritos, pero disfrutando de las notas, de su entonación, de la melodía.
 
Es una canción perfecta, y envidio la voz de Eva.

Pero no se lo digáis a nadie.










Os pongo una receta rica rica, y que cunde más de lo necesario, de huevas aliñás. En el sur te las ponen en cualquier parte, y cuando las vi en la pescadería me dió mucha alegría. El pescadero dice que no es un producto que salga mucho aquí en la meseta, pese a la gran cantidad de vitaminas que dice tener, y que son muy buenas para los niños por eso mismo. A la Niña Grande le encantan, habrá que ir iniciando a la Niña Chica.

Cunden muchísimo y llenan un montón, hay que tener cuidado, a mí por lo menos me resultan un poco indigestas si abusas. El pescadero dice que las reboza enteras y las fríe, pero a mí eso me parece una barbaridad, porque como yo las hago son ligeras, y aún así...pero bueno, allá cada uno.


 







Yo pongo una cacerola a cocer agua con unos dientes de ajo, unas hojas de laurel y un puñado de sal gorda. Cuando hierve se ponen las huevas enteras a cocer por lo menos 10-15 minutos hasta que las notemos firmes y no estén blandas. Hay gente que las envuelve en papel de aluminio para cocer y que no se rompan, pero a mí no me gusta eso. Alguna se puede romper, pero no es lo habitual.



Sacar y esperar que enfríen un poco para no quemarnos y cortar en rodajas.







 
Aliñar en un bol o ensaladera con un pimiento rojo, un pimiento verde y una cebolla cortados en trozos, más grandes o más pequeños, según vuestro gusto, y una vinagreta con agua, aceite de oliva, vinagre y sal.





Poner por encima de las huevas, que queden mojadas y con el aliño por encima, y dejar reposar al menos 24 horas para que cojan el sabor. Servir con mahonesa y un poquito de perejil como aperitivo o complemento a una cena con ensalada.



Y vosotros...¿qué envidiáis?





martes, 18 de febrero de 2014

San Jacobos (o Sansas y El tormento y el éxtasis)

Este post es todo un reto por la cantidad de momentos temporales a detallar, y por la importancia del lenguaje corporal, que casi seguro perderá encanto al intentar transcribirlo. Espero que a la vez que intento guardarlo para mi recuerdoteca particular, consiga no aburriros por el camino, y que disfrutéis del momento tanto como nosotros, el santo y yo.

Este post habla de sexo.

Reconozco que hay demasiadas palabras poco afortunadas juntas: "disfrutéis", "lenguaje corporal", "santo y yo" y "sexo", y por supuesto, éxtasis en el título, y claro, a uno se le empieza a hacer la boca agua.

Sois unos malpensados.

Bueno, yo voy a intentarlo. Intento situarlo y describirlo:

Cuándo: hace unos meses, sábado, o tal vez domingo, a una hora indecente (las 7 de la mañana)
Dónde: en el salón, en el sofá
Quienes: las niñas y yo (ya os dije que érais unos malpensados)

Estábamos viendo PeloPicoPata, programa de animalitos, sus lesiones, sus enfermedades, sus manías y sus cosas, vamos. Un programa muy didáctico para ver un sábado a las 7 de la mañana con dos pedorras a las que no se puede levantar un lunes a las 8,20, pero que se levantan como un gallo a las 7 del fin de semana.

(Flashback 1, con la Niña Grande, a los 6 añitos, cuando yo embarazada de la niña chica era hábilmente interrogada por mejoresamigos sobre el origen de ese bebé en mi barriga, a lo que ella contestaba muy segura de sí misma: le ha puesto papá unos gérrrrrrrmenes a mamá en la barriga y le ha crecido la Niña Chica)

La Niña Grande conocía la teoría, la máquina y los operarios, pero desconocía la mecánica en sí, y era tan pequeña que, aún no sabiendo preguntar más concretamente, íbamos respondiendo según sus preguntas, y no más, que es lo que dicen los manuales-que yo leo muy diligentemente-que hay que hacer.

Flashback 2: ya habíamos pasado la fase en la que creyó que los gérmenes para embarazarse, le entraban a mamá por la boca al besarse....
-Ya, ¿pero cómo se ponen los espermatozoides (ex-gérmenes) en la tripa de mamá?
-Pues con el pene, hija
(cara de póker) Imaginamos que es porque no había llegado a ver el pene en su estado...digamos...glorioso. Supongo que es difícil de imaginar como un pellejo flácido puede depositar nada en ningún sitio.
-Ya, pero...¿cómo?
-Esto...¿tú te acuerdas como ponemos la gasolina en el coche? pues el surtidor es papá, y el depósito mamá. Papá pone el pene en la vagina de mamá y pasan los espermatozoides
-Ya, pero...¿cómo? ¿lo empuja? ¿y donde se hace eso? ¿en la cama? ¿y como se empieza?
-Socorrooooooooooooooo

En fin, fuimos poniéndole etiquetas, que hay que ver lo bien que vienen a veces:

-Mira hija, se llama hacer el amor, y hay que estar, atiende bien, hay que estar de acuerdo los dos (aleccionando, ea) y hay que querer los dos...y tener por lo menos, por lo menos, 30 años (seguro que a los 18 me lo perdona...)

Fin de flashback 2. Habrá más

Volvemos a PeloPicoPata. Porque por lo visto a ella lo del procedimiento ese de "hacer el amor" no le había quedado muy claro. El pellejo flácido le hacía flaco favor a la composición. En esas estábamos, cuando salió una imagen tal que así:

 
Bueno, ésta no. Esta es un Sanjacobo casero que hice el otro día, y que ahora, si me queda rato, os explico.
 
Como estaba diciendo, la imagen que salió, fue así pero más bestia si cabe, de un caballo montando a una yegua. Con la cosa enhiesta.

 
 
Describir los ojos de la Niña Grande es una tarea difícil ¿grandes como platos? ¿como cacerolas? ¿fuera de sus órbitas? ¿Boca abierta de asombro/estupor/espanto?
 
-Mamáaaaaa ¿qué es eso, qué le hace? pobre yegua ¿qué es eso? -se refería a la cosa enhiesta-
Su cara se transforma, su cerebro trabaja deprisa, recopila, refunde, y expulsa de nuevo, antes de que me dé tiempo a reaccionar, a responder, a cerrar mi propia boca:
 
-¿Esto es hacer el amor? ¿le está haciendo un hijooooooooooooo? ¿es esto, verdad?
 
-Sí, hija, el caballo está montando a la yegua
-Pero...pero no la gusta, ¡la duele!-mi pobre niña está en shock, pero no deja de hablar- ¿y ésto es lo que hay que hacer para tener niños? -sus ojos espantados piden una respuesta clemente, una mentira piadosa, algo que no sea así de terrible como imagina-
-Sí, hija
-Entonces...si tú has tenido dos hijas...¿lo has tenido que hacer dos veces? -iggggggggggggggggg se espanta de su propia conclusión-¿tuviste que hacer eso dos veces?
-Bueno, en realidad más (no sigas, no sigas, aprovéchate del shock...a ver si la dura hasta los...25) porque yo tuve cuatro embarazos para tener dos niñas...-su mirada me compadece, pero no por los dos abortos, sino por los supuestos cuatro coitos-
-¿Y lo hicisteis así?-Oh, dios, mi hija me está imaginando a cuatro patas con su padre detrás ¡oh, dios!
-Bueno, en realidad hay más posturas
-¿Ah sí, cuales?
-Bueno, otras, no sé, las que van surgiendo...esa del caballo, es una de tantas (por favor, borra tu imagen de tu mamá a cuatro patas por favoooooor)
 
Su atropellada conversación, casi monólogo de preguntas y propias conclusiones termina en...
 
Silencio
Más silencio
Y más silencio
 
Descubro que mi niña, quiere, como yo quería a su edad...ser mamá a toda costa. Y me pregunta, verdaderamente preocupada e interesada:
 
-¿Y no hay ninguna otra manera de quedarse embarazada que no sea hacer "eso"? -modo despectivo encendido
 
Verdaderamente me da penita, pero soy una malvada y quiero conservar a mi hija inmaculada bastante más tiempo del razonable. No quiero contarle aún lo que se disfruta, lo especial que puede llegar a ser, que puede y debe ser voluntario, sin intención de tener hijos. Es demasiada información de momento. Probablemente esté equivocada, pero en ese momento hablábamos de fecundación, y no de relaciones sexuales-emocionales-personales. Consideré más oportuno responder exclusivamente a sus preguntas...aunque tuviera que dejarla en semi-shock.
 
 
-Bueno, cariño, también se puede hacer por inseminación artificial, o fecundación in-vitro.
 
-¿y eso como es?
 
-Pues...te tienen que poner lo mismo, pero con jeringuilla
 
-Joooooooooooooooooooooo, ¡¡¡nooooooooooooooo!!!-se lleva desesperada las manos a la cabeza, realmente afectada, no sé si por la resignación a tenerse que ver como una yegüa, a tenerse que pinchar los espermatozoides o el óvulo fecundado, o a quedarse sin hijos. Su resignación era más bien por las dos primeras. Sus ojos no me dicen que fuera a renunciar a tener hijos.
 
Fin del flashback 33 y 1/4, porque ya he perdido la cuenta.
 
El caso es que estaba yo haciendo unos Sanjacobos caseritos para cenar, que no sé si os he contado antes, que eran el plato muy favorito de la Niña Grande, que cuando era pequeñita, así como la Niña Chica, los llamaba Sansacobos. Desde entonces la palabreja ha ido derivando, y en casa a veces se cenan sansas, y ese día es día de fiesta. Normalmente los compro congelados que para unas prisas, alegran la cena, y te la resuelven, pero de vez en cuando los hago de gala, y los hago yo misma. Unas veces pido que me corten el fiambre de pavo cuadrado en lonchas gorditas, y con una de queso entremedias se enhueva, se empana, a la sartén y listo. Pero otras veces los hago de filetes, que son igualmente fáciles pero quedan más contundentes. En este caso los hice con filetes de jamón de cerdo cortado muy fino, que doblé sobre sí mismos con queso por dentro, y empané dos veces para no usar palillos. Quedaron muy buenos, pero aunque el jamón de cerdo (no jamón curado) era muy fino, quedó demasiado basto. Recomiendo por otras veces, filetes de babilla muy finitos y romperlos un poco la fibra pasándoles el rodillo. Es la misma carne para el carpaccio, que hay que pedir muy muy finita, congeladla, y rompedla más si cabe son el rodillo golpeando, amasando y estirando. La foto del sansa acompañada de rúcula, que tuvo más éxito de público (el santo y las niñas) que de crítica (yo) ya la puse arriba.
 
En uno de esos momentos tontos, y retomando la conversación abandonada meses atrás (ver flashback 33 y 1/4) hablaba la niña grande de si al nacer los niños dolía.
-Pues no, hija, afortunadamente con la epidural, lo más probable es que no duela
 
Por otras cosas, saltamos al tema de los abortos que tuve previos a sus embarazos y nacimientos...y la maquinaria se volvió a disparar.
 
-Y...entonces, si se pierde el bebé...para quedarte embarazada otra vez tienes que...- y me mira con ojos interrogatorios, mientras mueve la mano haciendo círculos hacia mí para que yo complete-
 
-Caballo-dice el santo mientras ella abre sus enormes ojazos, espantada de nuevo
 
-Jooooooooooooo, noooooooooooo-exclama desesperada
 
-Bueno, hija-ha llegado la hora de confesar uno de los motores del mundo-la verdad es que a las hembras de muchos animales parece que les duele, y les resulta molesto...pero a las personas en general...nos gusta.
 
-¿QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEÉ?
 
-Sí...lo que pasa es que tienes que ser MÁS mayor, y conocer MUCHO a la pareja y que te conozca a ti (pero mucho mucho) y hacerlo BIEN (me voy a guardar los procedimientos, preliminares y demás para otro día)
 
-Pero si es un ascooooooooo es como una caca, mama (ver el color del pene del caballo que era similar al del programita) da mucho ascooooo
 
-Hija, ya sé que ahora no lo crees, y que no te lo parece, pero cuando seas mayor, no te parecerá igual -le digo yo-
 
-Sí, cuando tu cuerpo cambie y te hagas mayor, incluso querrás hacerlo-añade el santo-
 
-Pero cuando tengas ganas, te aguantas ¿vale hija? te aguantas hasta que seas más grande, y hablas con mamá para que yo te explique como hacerlo BIEN para que no duela.
 
Y aquí se cruzaron otras conclusiones sobre drogas y alcohol que habíamos hablado otros días a propósito de noticias por las que ella pregunta, y en las que nosotros recalcamos la falta de control que éstas producen, y las tonterías y desgracias que pueden llegar a ocasionar. En un segundo ella dedujo, con gran sensatez, que cuando fuera mayor...
 
-Pues por si acaso no me voy a emborrachar nunca, no sea que lo haga sin darme cuenta-
 
La cara del santo y la mía fue todo un poema, que fuera capaz de traer a colación unas conversaciones sobre otras.
 
-Por supuesto, hija, por supuesto...para hacer esas cosas, hay que tener la cabeza muy clara y despejada....
 
Y me preguntó a mí, a su mamá, con la cabeza girada en confidencia, interrogándome con su mirada gigante de dibujo manga, en la que leí su enorme preocupación para, en un futuro, convencer a su gran amor de escuela de hacer lo correspondiente para tener hijos.
 
-Mamá...¿y tú crees que los chicos querrán hacer..."eso"?
 
Cada día, hija, querrán cada día-pienso, pero no se lo digo-
 
-Sí cariño, sí.
 
Estoy exhausta...
 

sábado, 15 de febrero de 2014

La biblioteca

Hoy llovía poco y hemos salido a pasear con los paraguas, para la niña chica es una fiesta poder usarlo. Nos hemos acercado a la biblioteca, donde le hemos hecho ya su carnet, que le ha hecho mucha ilusión. Y como no podía ser de otra forma, su primer libro prestado ha sido el que más veces cogimos con la niña grande cuando tenía su edad: La casa de los besos. Os lo recomiendo si tenéis niños pequeños, les encanta, casi tanto como El Pollo Pepe, otro gran favorito. Hablando de pollo, hoy lo compramos asado, pollo bailarín como sigue diciendo la niña grande. Mañana sin falta, Cordón bleu caseros.
Voy a triunfar.

viernes, 14 de febrero de 2014

Feliz día de San Valentín...

De parte de mi niña grande.

Que el amor, por vuestros padres, por vuestros hijos, por vuestros amigos, por vuestra  familia...siempre os acompañe y guíe todos vuestros actos.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Woodkid - Run Boy Run. Desaparecida pero feliz.

Atrapó mi atención desde el momento que la escuché en un anuncio de televisión, a mí, que no me enganchan casi ni con lo que necesito. El santo me lo ha buscado hasta encontrarlo. A mí me gusta, lo mismo a vosotros también. No sólo ésta, sino todo el disco, es Woodkid y el disco The Golden Age.





Estoy desaparecida, pero por aquí, y bien, afortunadamente. He descubierto que puedo publicar desde el móvil más fácil de lo que podría imaginar, así que es probable que a partir de ahora publique más a menudo, aunque las fotos no sean de buena calidad, aunque no haya cosas extraordinarias que contar, pero sí imprescindibles en mi vida.





La niña chica hizo 3 años hace unas semanas y la niña grande hará los 10 en otras poquitas. El tiempo vuela, y si puedo, pienso atraparlo, saborearlo, masticarlo, desmenuzarlo y digerirlo mientras sucede. Que no lleguen otros ocho, o diez, o doce años más y mi niña grande, siendo mujer, tome ya sus decisiones de adulta y yo me pregunte qué hicimos en todos estos días intermedios.




Run boy run (don't run my girl, don't run....)







sábado, 28 de diciembre de 2013

La comida sólo es una parte, el amor es la otra parte

Afortunadamente para todos, hay gente buena.

Food is one part, love is another part



El video está subtitulado, podéis ver el post original aquí.

No se me ocurre mejor manera de desearos, con retraso, Feliz Navidad. Hay esperanza.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Hazte extranjero

Cocinar para tres, y que coman quince...¡me encanta!



Yo les compro jamonyor, y ellos me hacen adorar nuestras compartidas idiosincarias.

No es mal cambio.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Libros de otoño 2013

En mi pueblo desde mitad de la crisis, ponen los sábados un mercadillo de cosas de segunda mano, y artesanías varias. Siempre nos damos una vuelta porque cuando no encuentras nada que te interese, siempre ves algo que te trae recuerdos...como una botella de Fanta de las de antes, o una Mirinda, o una cámara Reflex de las que tenían carrete, o un Walkman, y le explicas a tu hija para qué servía...

Casi todos los puestos aportan libros, y a muy buen precio. El otro día en uno de ellos paré a hojear uno de Paul Auster que me llamó la atención, Tombuctú, donde el narrador de la historia es un perro, que cuenta los últimos días de la vida del que ha sido la mayor parte del tiempo su amo, un mendigo, y cómo se busca la vida desde que éste muere y queda solo. Me ha gustado mucho como desde la visión del perro nada de los tópicos que manejamos es válido. De cómo se puede vivir en la calle y tener todas tus necesidades afectivas y emocionales cubiertas, y de como se puede vivir cómodamente cumpliendo todos los requisitos de una familia funcional, y estar casi todos sus miembros absolutamente solos. No os lo perdáis, es muy cortito.

 
 
En la biblioteca, entre la selección de la bibliotecaria, me llamó la atención éste, El matrimonio de los peces rojos. De una autora mexicana, Guadalupe Nettel que no conocía, y que me ha gustado mucho. Es un libro cortito con 5 relatos en los que a través de símiles y comparaciones con la vida animal, se desgrana lo más común de la vida cotidiana: el amor, la pareja, los hijos, embarazos deseados y no deseados...muy recomendable.
 
 
El año del pensamiento mágico, de Joan Didion. Un libro para reflexionar, porque da vértigo. Didion lo comienza a escribir unos meses después de que su marido falleciera repentinamente de un ataque al corazón mientras cenaban, mientras su hija Quintana está ingresada en la UCI gravemente enferma. A lo largo del libro compruebas como va pasando por los diferentes estadios del duelo. Me llama la atención la negación que esta mujer tiene en torno a todo lo que le sucede a su familia, pues apenas nada hay de inesperado, sino tal vez la despedida, que no existe. Un libro magnífico y que te obliga a ser consciente de lo frágil que es la cotidianeidad, un tesoro. Eso que de un minuto para otro puede que no exista más, obligándonos a cambiar unas rutinas por otras.
 
 
 
 
También de la biblioteca estos dos. Llamé para preguntar si tenían Noches azules de Didion. Sí lo tenían. Cuando fui al rato, al buscarlo en su lugar...no estaba. ¡No es posible! no puede ser que lo haya cogido alguien en sólo una hora que hace que llamé. Me ayudan a buscarlo, y una de ellas sale corriendo del despacho (donde está el teléfono) con él en la mano. Lo había reservado para cuando fuera a buscarlo...amo a mis bibliotecarias.
 
 
Tras la muerte de su marido, Didion ha de afrontar al poco tiempo la pérdida de su única hija Quintana. Abrir el libro es estremecedor, simplemente por su dedicatoria. No es un Para... como en otros libros, o un A...
No, es una frase completa, centrada en la página, casi pueril. La dedicatoria que un niño pondría a su mamá o a alguien que quisiera mucho: Este libro es para Quintana.
Es un libro del que no me ha llegado el dolor, es un libro desorganizado, que salta de un recuerdo a otro, es un libro confuso como los sentimientos de Didion. Sobresale especialmente la culpa, una culpa no objetiva que cualquier madre sentiríamos. Me gustó una frase similar a la que yo siempre digo con respecto a mi maternidad: desde que nacieron mis hijas, nada me da más miedo que lo que les pueda pasar.
No me ha gustado porque no es un libro, como prometía la dedicatoria para Quintana. Es un libro para Didion, faltaría más, no seré yo quien se lo critique. Como digo es un libro tremendamente adolorido y desorganizado, poco coherente, donde se contradice página sí página también. Algo que le pasaría a cualquier madre en su situación. No hay que olvidar que Didion a estas alturas, está completamente sola, y que es muy mayor. Algo que no percibes hasta que lo dice en el libro de El año del pensamiento mágico. Cuando se muere su marido, se muere con él la imagen de juventud que él proyectaba de ella. Cuando Isabel Allende escribió Paula era una carta para ella, para cuando despertara, cosa que nunca sucedió. De la misma manera que cuando Paula está aún viva, pero en coma, Allende escribe intensa y deliciosamente los recuerdos de todos, cuando Paula entra en la recta final y ha de escribir su muerte, se transforma, como Didion, y te arrastra hacia sus tinieblas en una escritura densa, desordenada, y desorganizada. Puedes ver al leerlas por comparación, como es su mundo de luz, y como es su mundo de sombras.
 
 
Sobre Alice Munro, en mi biblioteca suelen hacer una "mesa temática" Este mes y el pasado han sacado a esa mesa libros cuyos autores han recibido el Nobel de literatura. Otras veces sacan literatura rusa, o nórdica, o thriller...casi siempre coincidiendo con acontecimentos como por ejemplo, entrega de los Nobel...que serán como cada año, el día 10 de diciembre.
Nunca había leido nada de Alice Munro, así que cogí este libro de relatos. Me gusta su manera de escribir. Escribe historias de personas, casi todo mujeres. Historias anónimas, trozos de vida más o menos extensos en el tiempo, y sin acritud, ni marcandolo especialmente, cómo los hombres influyen, modifican o transforman definitivamente las vidas de esas mujeres. Sin victimismo, sin estridencias. Narra, no se posiciona. Me ha gustado mucho.
 
Sigo con Luis Sepúlveda, que os recomiendo mucho, y además cabe en cualquier rato porque son libros muy cortitos. Hace ya algunas semanas terminé Mundo del fin del Mundo. De los que le he leido, quizá sea el que menos me ha gustado porque no lo leí del tirón, y me perdí un poco, pero sigue siendo recomendable. Me encanta como escribe este hombre.
 
 
La sombra de lo que fuimos. Es genial, desternillante sin risa, pero sí con sonrisa, porque Luis es agudo sin hacerte reir a carcajadas, sólo te hace cosquillas continuamente en el sentido del humor, dejándote un gran sabor de boca. Además, como en casi todos los libros que le he leido, los buenos, consiguen ganarle una batalla (que no la guerra) a los malos (que son supermalos y reales), de esas formas redondas que tanto gustan. Y eso siempre mola.
 
 
Hot Line. Otro muy muy recomendable. Buenos muy buenos, malos muy malos, terribles injusticias y vida real oculta bajo vida ficticia impuesta por los malos. Muy corto, muy agradable, buenos contra malos. Genial.
 
 
 
No sé donde leí la reseña, y me llamó la atención, de Timur Vermes, Ha vuelto ¿Qué sucedería si el Hitler de la II GM apareciera en nuestra época? Curioso, gracioso a ratos, pesado también, sirve muy bien para hacernos conscientes del poder de la televisión y da vértigo, mucho vértigo porque demuestra como alguien muy equivocado, puede, con su carisma, arrastrar masas. No está mal, pero me resulta prescindible. Curioso en todo caso, entretiene.
 
 
Dejo para el final los nominados del mes, que son los que he dejado a medias:
 
-El ruido y la furia, de Faulkner. Que había leido yo que era un mago de la psicología...pues me tiene loca con este libro. Claro que dicen que si aguantas los 2 primeros tercios, el tercero es tu recompensa...en ello estoy, pero el primero me dejó grillada, no en vano ese primer capítulo se narra desde la perspectiva de un deficiente mental. Tal vez lo retome para leer mi premio, pero mi opinión hasta el momento es la de que es un esfuerzo estéril, tanto de escritura como de lectura, que hasta el momento no me aporta nada. Tal vez no sea el momento.
 
-El abuelo que saltó por la ventana...pues también lo he dejado aparcado por el momento
 
Y el ganador de esta tanda, el que mejor sabor de boca me ha dejado es para...¡Luis Sepúlveda con Hot line y con La sombra de lo que fuimos! Finalistas Tombuctú y El Matrimonio de los peces rojos, que en otra tanda habrían ganado seguro, y que entran en la categoría Relectura (para mí).
 
Y con esto y un bizcocho...¿qué estáis leyendo vosotros? ¿qué me recomendáis?
 
 
Estas reseñas son para uso personal y de recuerdo, y en ningún caso pretenden establecer ninguna verdad absoluta, sino completamente relativa a mis gustos particulares y personales siendo absolutamente subjetiva. En caso de duda, consulte a su bibliotecaria. Con la mía coincido casi al 90%, y eso ¡es una gran ventaja! ;p
 
 


martes, 26 de noviembre de 2013

De por qué la niña chica come favoritos

En cada casa hay un lenguaje inventado. Y es normal ¿no? al fin y al cabo cada cultura nomina y busca la manera de compartir con su entorno, su propio entorno compartido ¿cómo no iba a ser en cada familia igual?
 
En nuestra casa a veces se comen favoritos. A la nena chica le gustan especialmente, para lo chica que es. En los cumples hay favoritos. El domingo le compro un super-favorito de Minnie. Cuando ya no llevaba pañal, pero seguía haciéndose la caca en las braguitas, yo le daba un favorito de premio cuando lo hacía en el baño...no es muy sano, pero 2 favoritos fueron suficientes para comprender el mensaje. Cuando se dejó curar una herida infectada por su pediatra, también le prometí un favorito ante la extrañada mirada de ésta, y la mirada de felicidad de la niña chica, que le hizo aguantar como una campeona que le drenaran la herida.
 
Cuando nació la niña chica, nos dieron el alta a los 3 días. Nos volvimos a casa, donde al fin nos reunimos todos ya con la niña grande, y la yaya que nos mantenía el castillo, el estómago y el corazón calientes. Los amigos empezaron a llamar para venir a conocer a la recién llegada princesa, y también comenzaron los gritos, y los golpes.
 
Los vecinos del descansillo, los del frente, discutían. Mucho. Más de lo normal. Alguien estaba perdiendo el control, y comenzaron los golpes.
 
Se me acelera el corazón, y miro a los demás, deben sentir lo mismo, no es posible que una discusión de ese calibre acabe bien. Nunca les había oido discutir así. Bueno, así, ni de ninguna manera, porque están separados. Los vecinos de al lado dicen que es lo normal, y que les oyen a menudo. Nosotros no, tenemos paredes y descansillo entre medias.
 
Esto está muy subido de tono, y el santo, grandote, más que él, decide llamar a la puerta a ver si por lo menos, al oir el timbre, apacigua los ánimos y les hace ver a ambos que no está sola. Abre él congestionado.
 
-¿Todo bien chicos?
-Todo bien
 
Miramos por la mirilla ¿qué hemos de hacer? enseguida se abre la puerta de ellos, ella sale corriendo despavorida, y él detrás la persigue e intenta agarrar del pelo. Gritamos y el santo sale corriendo de casa detrás de él por la escalera para impedir...yo que sé ¿Y si hubiera ido armado? ¿qué hubiera pasado? En la carrera él sale fuera, y ella vuelve con la cara tapada e ignora al santo, se mete de nuevo en casa donde su hijo llora gritando.
 
Él vuelve, y siguen los gritos. Llamamos a la policía y que ponga fin a esto, porque no sabemos quien se está llevando los golpes, si ella, los muebles, o ambos.
 
El despliegue policial es absolutamente brutal, todos los cuerpos habidos y por haber en un pueblo despliegan todo su potencial de efectivos, luces y sirenas. Como si vinieran a una redada. Esperábamos discreción, y van tocando todas las puertas, ya que la suya, efectivamente, no la abren.
 
La cosa queda en nada, supongo que no habiendo lesiones visibles, ni denuncia, todo queda ahí. El santo baja a la calle, donde él se permite increparle delante de los guardias, que cuando nosotros discutamos, también llamará a la policía.
 
Me parece fenomenal -cacho cabrón- sobre todo si oyes que me pone la mano encima.
 
El saldo de la hostia que le metió en nuestras narices es un nuevo coche que estrena ella a las pocas semanas; y la ignorancia más absoluta hacia nuestra recién llegada princesa, y nuestra princesa mayor, que ya por fin es hermana grande. Nos retiran el saludo, al menos cuando van juntos. Cuando van separados no, ella dice un pequeño "hola".
 
Yo quiero decirle que no está sola, y que puede llamar a nuestra puerta siempre que quiera y lo necesite, pero su castigo a nuestra indiscreción, su indiferencia es tan hiriente, que no me atrevo, aunque espero que por nuestros actos le hayan quedado pistas de que, efectivamente, no está sola.
 
La madre de ella vive un poco más abajo, en la misma calle. Ella sí nos hace fiesta siempre, y le hace carantoñas a mis princesas, y siempre, siempre, siempre tiene una palabra amable. Ella sabe de sobra, porque aquella noche ella y el niño fueron para su casa. Y yo siempre intento decirle con mi sonrisa a esta madre, que su hija no está sola, y que, aunque nos castiguen, seguiremos llamando a la policía una y mil veces.
 
Hace un par de meses ella llama a nuestra puerta (hace ya casi 3 años desde que nació la niña chica...), y le pide al santo si les hace el inmenso favor de cambiarles la rueda del coche de su madre, tiene que ir a acompañar a un familiar al hospital urgentemente, y necesitan cambiarla ahora mismo. El santo se remanga y baja.
 
Al día siguiente ella vuelve a llamar a nuestra puerta y nos da un regalito, por el gran favor que le hizo ayer el santo..."es que no te imaginas qué favor nos hizo"
 
Yo me lo imagino porque ella jamás nos lo habría pedido a nosotros. Pero su madre sí.
 
Abrimos el regalito, y era una inmensa caja de:
 
 
La niña grande los abre, alborozada ¡qué ricos! y la niña chica mira todo lo que su tata hace, que parece que ha visto a Dios.
 
Y la niña grande:
 
-Uy, mi favorito
 
Señala, coge y come
 
Y de nuevo:
 
-Hummmm ¡otro favorito!
 
Y señala, y coge, y vuelve a comer
 
Y otra vez más
 
-Y éste...¡éste es mi más favorito de todos, mamá!!
 
 
Y esta es la historia de como la niña chica comenzó a llamar a los bombones, "favoritos". No es chocolate, no son bombones, no son chocolatinas. Son favoritos.
 
Y colorín colorado, que cerrar los ojos a la violencia de género con nuestras vecinas, se haya acabado.


viernes, 22 de noviembre de 2013

Hace 13 años

Son ya 13 años hoy.
 
En los días siguientes sobrevivíamos fuera del hospital. Mama no podía salir de casa, tenía miedo. Había estado muchos días sin salir apenas un par de horas de allí, siempre contigo, hasta que todo acabó.
 
Entendí por qué la gente se viste de negro cuando se está en duelo, y no es por seguir una costumbre. Instintivamente buscaba en mi armario las prendas más oscuras con la intención de pasar desapercibida para un mundo que se empeñaba en seguir girando pese a tu ausencia, pese a nuestro dolor. Buscaba la ropa más oscura como una coraza, como una barrera, para que nadie se me acercara y con sus palabras, rompiera el frágil equilibrio que nos permitía juntar una rutina con otra y sobrevivir a esos primeros días de oscuridad impuesta.
 
Un día de tantos necesitaba olerte, porque ya no te olíamos. Y me puse para salir a comprar lo imprescindible para seguir sobreviviendo tu barbour verde oscura. Me estaba grande, pero yo iba metida en ella y el olor a grasa y a ti me acompañaron ese rato de esos días fríos de finales de noviembre, o tal vez ya diciembre. Entré en la panadería de las magdalenas ricas. Las dos dependientas atendían a colas separadas, y me puse a propósito en la contraria a la de nuestra amiga. No quería hablar con nadie, quería mi pan, y quería mis magdalenas y quería volver sola a casa rápido, dentro de tu olor. Por esas cosas que pasan, me atendió ella, a la que pedí lo que quería. Me miró emocionada y preguntó suave ¿qué tal vais...?
 
Me encogí de hombros, intenté medio sonreir. Lo estoy consiguiendo, no voy a llorar.
 
-Esa barbour era de tu padre.
 
Ahora ya sólo puedo asentir con la cabeza, y pagar con la cabeza gacha para que nadie vea mi debilidad y salir corriendo de nuevo a casa, envuelta en tu olor.
 
1,2,3,4,5,6,7,8,9,10,11,12,13....
 
Dicen que las cicatrices, y las roturas duelen con los cambios de tiempo. Debe ser verdad, a mí es llegar otoño y noviembre, y encogérseme todo de nuevo.
 
Estas son tus nietas, la grande tiene tu mirada, la segunda tu sensibilidad, la tercera tu pelo y corte de cara, y la pequeña tu picardía. Las cuatro tienen tu mimo y tu dulzura. Donde estés las ves bien, estoy segura. Aquí una foto de las cuatro pintando ¡calladas! eso sí es raro de ver.



 
 
Acabo este post sonriendo, como debe ser. Solo recordarte, antes del dolor, siempre hace sonreir. Porque por la cicatriz, aunque pareca un agujero, no se escapa nadie del corazón.

sábado, 5 de octubre de 2013

Si esto es un hombre - Primo Levi

Éste es el último libro que he leído, y no quiero dejar pasar el tiempo sin dejar aquí anotada una ínfima parte de todo lo bueno que tiene, y mis impresiones. Es un libro duro, sobre los campos de concentración alemanes, y desde un punto de vista absolutamente personal...Primo Levi cuenta su experiencia, su vivencia, la de sus compañeros, del campo, lo que ve. No cuenta nada más, no habla de lo general que todos hemos conocido después, porque entonces no lo sabía, ni siquiera habla con certeza de las cámaras de gas ni de los crematorios, porque allí dentro sólo eran un rumor. Sólo conocían a ciencia cierta "la selección".

Creo que fue en una página de facebook donde lo recomendaban como un imprescindible. No exageraban: lo es. He traido aquí algunos párrafos, aunque es imposible traer todo lo que me ha impresionado, todo lo que me ha gustado. No es lo que cuenta, ni lo que dice, ni lo que reflexiona. Sino como lo dice. He releido párrafos varias veces, no por falta de concentración, sino para volver a degustarlo. No puedo ni voy a seleccionar más párrafos de los que traigo aquí, porque es un libro de relectura segura.

El poema inicial ya es sobrecogedor, y es imperativo, nos exige valorar nuestra vida, nuestras comodidades y no negar lo que sucedió, y anuncia lo terrible de lo que va a contar, y que queda, definitivamente, corto.


Parte del prólogo, por Primo Levi:
 
 




"Me doy cuenta, y pido indulgencia por ellos, de los defectos estructurales del libro. Si no en acto, sí en la intención y en su concepción, nació en los días del Lager. La necesidad de hablar a "los demás", de hacer que "los demás" supiesen, había asumido entre nosotros, antes de nuestra liberación y después de ella, el carácter de un impulso inmediato y violento, hasta el punto de que rivalizaba con nuestras demás necesidades más elementales; este libro lo escribí para satisfacer esta necesidad, en primer lugar, por lo tanto, como una liberación interior. De aquí su carácter fragmentario: sus capítulos han sido escritos no en una sucesión lógica sino por su orden de urgencia."
 
Por su orden de urgencia....


¿Cómo se puede golpear a un hombre sin cólera?

Esta frase no deja de darme vueltas en la cabeza, y representa para mí, que no alcanzaba a imaginar, la maldad humana. Es obvio, que si existe el bien, ha de existir su contrario. Estamos acostumbrados a criticar la violencia, la agresividad por falta de control sobre los instintos, sobre la ira, pero...¿qué se puede decir ante esta pregunta que Primo Levi se hace? ¿Cómo se puede golpear a un hombre sin cólera?
 
 
"Para los condenados a muerte la tradición prescribe un ceremonial austero, apto para poner en evidencia cómo toda pasión y toda cólera están apaciguadas ya, cómo el acto de justicia no representa sino un triste deber hacia la sociedad, tal que puede ser acompañado por compasión hacia la víctima de parte del mismo ajusticiador. Por ello se le evita al condenado cualquier preocupación exterior, se le concede la soledad y, si lo desea, todo consuelo espiritual; se procura, en resumen, que no sienta a su alrededor odio ni arbitrariedad sino la necesidad y la justicia y, junto con el castigo, el perdón.
Pero a nosotros esto no se nos concedió, porque éramos demasiados, y había poco tiempo, y además ¿de qué teníamos que arrepentirnos y de qué ser perdonados?"
 
Porque éramos demasiados, y había poco tiempo...
¿os parece que haya algo mejor que explique el significado de la palabra genocidio? Era hasta ahora para mí una palabra a la mitad de su verdadero significado.

"Clausner me enseña el fondo de su escudilla. Allí donde los demás graban su número, y Alberto y yo hemos grabado nuestro nombre, Clausner ha escrito: "Ne pas chercher à comprendre" -No trates de entender-"

"Cuando hubo terminado de escribir, levantó los ojos y me miró. Desde aquel día he pensado en el Doktor Pannwitz muchas veces y de muchas maneras (...) cuando he vuelto a ser hombre libre, he deseado encontrarlo otra vez, y no ya por venganza, sino sólo por mi curiosidad frente al alma humana. Porque aquella mirada no se cruzó entre dos hombres; y si yo supiese explicar a fondo la naturaleza de aquella mirada, intercambiada como a través de la pared de vidrio de un acuario entre dos seres que viven en medios diferentes, habría explicado también la esencia de la gran locura de la tercera Alemania."

 
"Por el sentido que pueda tener tratar de explicar las causas por las que mi vida, entre millares de otras equivalentes, ha podido resistir la prueba, diré que creo que es a Lorenzo a quien debo el estar hoy vivo; y no tanto por su ayuda material como por haberme recordado constantemente con su presencia, con su manera tan llana y fácil de ser bueno, que todavía había un mundo justo fuera del nuestro, algo y alguien todavía puro y entero, no corrompido ni salvaje, ajeno al odio y al miedo; algo difícilmente definible, una remota posibilidad de bondad, debido a la cual merecía la pena salvarse (....) Gracias a Lorenzo, no me olvidé yo mismo de que era un hombre."


Otra de las frases, finales, a la que sigo dando vueltas. No la comparto, porque me parece injusta para sí mismo, que se compare con quien provocó tanto sufrimiento y la situación que provoca su reflexión: "Es hombre quien mata, es hombre quien comete o sufre injusticias; no es hombre quien, perdido todo recato, comparte la cama con un cadáver. Quien ha esperado que su vecino terminase de morir para quitarle un cuarto de pan, está, aunque sin culpa suya, más lejos del hombre pensante que el más zafio pigmeo y el sádico más atroz."


Pertenece a una Trilogía, Trilogía de Auschwitz. De momento he terminado la primera parte, Si esto es un hombre, y voy a esperar para leer la siguiente: La tregua.

Tengo muchas lecturas pendientes en la cola, pero no sé por donde continuar...sé que va a ser difícil volver a encontrar un libro como éste, que me iba a dar la vuelta como un calcetín,  y que lo ha hecho, así que...¡no quiero poner las expectativas muy altas en lo siguiente!


 

martes, 17 de septiembre de 2013

Albóndigas de rape con gamba y recuerdoteca (o las sonrisas en la cola del hiper)

Hace unos días nos acercamos a un conocido hipermercado a terminar de comprar el material escolar. Gran parte ya lo habíamos comprado en el pequeño comercio de nuestro entorno, pero los folios a dos euros las 500 hojas es una tentación difícil de obviar.

Como también queríamos comprarle una cama a la niña chica, hacíamos el recado completo. Encontramos un super-carro, el sueño de los niños (y de los padres empujándolo con ruido de parque de atracciones)

La cama era bajo pedido, así que no necesitabamos un carro tan grande. Pero da igual, las niñas han disfrutado como locas.

En la cola de la caja yo estaba esperando a que nos cobraran. Ellos tres detrás, papá tras ellas, que iban sentadas juntas en el super-carro. Les hace cosquillas a las dos, a cada una con una mano. Se parten de la risa, es incontrolable, es preciosa, es contagiosa.


Los ojos les chispean, la cara y todo su cuerpo se retuerce, iluminado, se abrazan y se protegen mutuamente del ataque cosquillero diciendo la grande:

-Mi hermanita
-Mi hemmmmanita-repite la niña chica

Los dedos de papá vuelven a atacar en las axilas, en los costados de ambas, y vuelven a retorcerse muertas de la risa, risa grande, pura, les da igual que todo el mundo las mire.

Estoy tan hipnotizada que no quiero ni perder el tiempo en sacar el móvil y hacerles una foto o un video. Lo mismo, como otras veces, paran y me miran posando, o pidiéndome ver algo la pequeña.

Ríen muy alto, chillan de gozo, me da un poco de apuro la escandalera. Su padre está absorto atacando, la señora de atrás en la cola sonríe, su hija sonríe, el cajero me da las buenas tardes y está sonriendo también. Todos sonríen. Es imposible no hacerlo.

Aún lo recuerdo y me hace sonreir.

Dicen que los niños sonríen y ríen unas 300 veces al día, los adultos unas 10.

Así que hoy he descubierto por qué nos compensan los mocos, las noches en vela, las fiebres, las rutinas tediosas para conseguir llegar limpias y a tiempo al cole, rutinas tediosas para conseguir montarlas doscientosciencuentamillones de veces en el coche y ponerles los cinturones como si fueran pulpos, la preocupación perpetua por su salud, por su seguridad, por su felicidad, por su bienestar, por nuestro autoconvencimiento de que lo malo es necesario para crecer, para contenernos de crearles una burbuja que nunca les tocara, que nunca les rozara, que nunca les despeinara siquiera...

Hoy he descubierto, en la cola del Carrefour, que me hacen sonreir 600 veces al día: 300 cada una.

Y es cierto, que cualquier preocupación que sobrevuela se desvanece al mirarlas a los ojos y ver en ellos la inocencia y la pureza, el brillo de la alegría y de la ilusión por todo salvo por las arañas, los cangrejos y por el malvado Goblum -ver Heffalump en Halloween para conocerlo-

Y ésto, esta sensación maravillosa, no se puede grabar en video, ni capturar en una foto. Intento en vano atraparlo en palabras, y guardarlo en mi recuerdoteca, pública para que pueda ser consultada por cualquiera, por si algún día, Dios no lo quiera, mis sinapsis eligieran desvanecerse antes de que mi corazón se detenga.

Elegí entre los congelados colas de rape que me recomendó Contadora en esta entrada de nuestro amigo Valdomicer, y en la que, humildades aparte, me enlaza una receta que hace tiempo puse de albóndigas de choco y gamba. Contadora me proponía como variante el rape, y allá que vamos con la receta, inventada aunque con base de las anteriores. Podéis ver mi receta original aquí, en este caso he sustituido el choco o sepia por rape, y quedan muy suaves y ricas, ideales para que los niños coman fácilmente pescado...y marisco.

Vale como comida para todos, mayores y pequeños, es equilibrada, es barata, aunque eso sí ¡llevan bastante trabajo y cacharrerío!



miércoles, 21 de agosto de 2013

Más libros de verano

Me están cundiendo estos días de vacaciones, en los que tenemos tiempo para todo, y que, afortunadamente al final, puedo compartir con el santo y las niñas.
 
En cuatro días terminé este libro, La verdad sobre el caso Harry Quebert de Jöel Dicker, una novela de suspense muy bien construida, con mucha intriga, en la que el autor te lleva y te trae por donde quiere. Me encanta la manera de comenzar cada capítulo, una enseñanza de escritura y de vida. Me ha gustado éste especialmente, y que tiene mucho que ver con el miedo a escribir sin nick, a que te lean conocidos, a que te lean desconocidos y pierdas el control de lo que haces ¿se mantiene alguna vez?
 
"El peligro de los libros, mi querido Marcus, es que a veces se puede perder el control. Publicar significa que lo que ha escrito usted en compañía de la soledad se escapa de pronto de sus manos y desaparece entre la gente. Es un momento muy peligroso: debe usted conservar el control de la situación en todo momento. Perder el control de su propio libro es catastrófico"
 
 
Un libro estupendo y fácil para leer en verano, aunque me haya recordado en ciertos aspectos a aquella famosa serie, Twin Peaks, ¿Quién mató a Laura Palmer? atención,  y aquí un poco de espoiler: dar demasiadas vueltas al asesino final, llevándote de un lado al otro como si al comenzar el libro no hubiera sabido como terminarlo. Cosa que también va avisando a lo largo, con lo cual, no sé si es criticable...
 
En fin, recomendable en todo caso, aunque no sea tan redondo como Doña Agatha Christie, mi favorita en el ramo.
 
También me he leido de Albert Espinosa Todo lo que podríamos haber sido tú y yo, si no fuéramos tú y yo.
 
Es rara. Bueno, no, es rarísima. Yo conocí a Albert Espinosa con El mundo amarillo, y me encantó, sin ser un libro de autoayuda, ves las cosas de otra manera, muy recomendable.
 
En este libro (muy corto) hay un montón de frases, de mensajes, y de sabiduría o como quiera verse, pero la historia que se monta para envolverlo es floja y no justifica llamarse libro, y menos gastarse dinero en él. Aunque como digo, tiene alguna frase memorable, es un libro prescindible. Quizá útil para juveniles.
 
 
El caso contrario es el de Gerald Durrell y el libro Un novio para mamá y otros relatos. Es como cuando en un círculo de amistades tienes un historial de anécdotas, y alguna de las mejores pretendes compartirlas en otro círculo. La falta de historia común, la falta de detalles que van completando los protagonistas originales, puede hacer caer esa anécdota en un espantoso ridículo, donde no tiene ni la mitad de gracia, y la gente no comprende por qué era tan graciosísimo.
 
 
Aún me lo estoy leyendo, pero Durrell en este libro consigue que eso no suceda, y toma muchas anécdotas reales, propias, y ajenas de sus amistades, y enmarca cada una en un relato con esa narración magistral que consigue hacer que disfrutemos de cada una de ellas. Durrell, como siempre, hace gala de un sentido del humor finísimo que me hace disfrutar de cada relato completo. Tanto que gana más protagonismo el relato en sí, que la anécdota misma. Un placer, muy muy recomendable. Ya le conocí por Mi familia y otros animales, que comenté aquí, y quiero continuar con Bichos y demás parientes  y El jardín de los dioses.
 
Ahora voy a comenzar con éste. Dicen que es un imprescindible, parece crudo y no sé si podré con ello. Es una trilogía, empezaré con Si esto es un hombre, de Primo Levi.
 

 
 
Y vosotros ¿qué estáis leyendo?