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lunes, 14 de enero de 2013

Imaginando Situaciones I (o comer fuera de casa, Pollo a la Kiev)

 
 
El invierno se retira lento en los límites de Siberia, por eso Katherina y Vladimir van menos abrigados para lo que suelen necesitar.
 
Katherina se casó hace muchos años con Nicolai, el hermano mayor de Vladimir, porque así lo habían decidido sus padres desde la cuna. Katherina nunca supo que a Vladimir se le rompió el corazón en aquel momento, aunque ese vacío y también anhelo que tuvo Katherina durante todo su matrimonio con Nicolai pasaba por buscar siempre los ojos de su cuñado. Su brillo indefinido en el fondo de su mirada, siempre la hacía seguir adelante.
 
Su profunda fe ortodoxa no le hubiera permitido ninguna desviación, así que Katherina nunca se permitió admitir que también amaba a Vladimir.
 
Por fin, 5 años después de la muerte de Nicolai, su hermano se atreve a poner sus sentimientos en una rosa temprana que compró a una familia de chinos gitanos que pasaba por allí. En realidad le tuvo que dar un par de rublos a la gitana vieja para evitar que le leyera la buenaventura: como buen supersticioso, no quiere tentar al destino conociéndolo por adelantado. Y como es muy agarrado y no sabe qué hacer con la rosa, decide que es el momento ya, que ya son muchos años de viudedad de Katherina, y que de hoy no pasa.
 
-Ten, Katherina-le dice arrobado y muerto de vergüenza-una flor para otra flor
 
Katherina le mira calculando si su cuñado quiere tomarla el pelo, pero a pesar de los gruesos cristales de las gafas de éste, ve de nuevo el brillo en sus ojos, y su corazón salta encabritado.
No obstante este tonto no puede pensarse que vaya a ser una mujer fácil, y sujetando su primer impulso de tomar la rosa y acercarla a su nariz, a sus labios...le dice:
 
-Anda, anda, quitaté tú de ahí
 
_________________
 
 
¿Qué os parece? Se me ocurrió al mirarles con atención cuando una amiga pelusona empezó el juego imaginando su situación. Nunca he sabido inventar la vida de alguien que veo por ahí, en el autobús, o esperando en la consulta del médico. Me da vergüenza mirar demasiado. Y además, cuanto más miras, más datos obtienes, y eso no me sirve para imaginar toda una escena, larga o corta, que con una imagen estática. Tras este ejercicio creativo he recordado aquella vez, hace ya un par o tres de años que nos recomendaron un restaurante ruso muy peculiar. Estaba en los bajos de un bloque de una gran urbanización de barrio. Su peculiaridad es que era como entrar a cenar en el comedor de Katherina, mi Katherina, la de la historia. Porque cada grupo de mesas tenían manteles diferentes, caseros, nada tipo uniformado como en el resto de la hostelería conocida. La vajilla era la de diario de tu madre, la de onditas de arcopal que tan sólo costaban 18 euros las 18 piezas, ideal para el día a día, para tener dos o tres, y que no notaras la rotura de alguno, de fácil reposición. Superado el asombro del menaje, y pelín contentos por una cerveza que nos ofrecieron en la barra mientras nos hacían pasar, con la módica graduación de 18º, pedimos la comida como solemos hacer en los restaurantes que no conocemos: pidiendo que nos recomendaran. Tomamos muchas cosas, todas muy ricas y sorprendentes. Recuerdo especialmente un fiambre de morros y orejas varios creo que de cerdo, y que me recuerda bastante a este fiambre casero de Valdomicer, y que llevo ya varias intentonas de hacerlo. Lo que pasa es que a mí, y a mis carniceros (soy obscenamente desleal entre los super y demás tiendas) apenas tienen nunca manitas, con que los cotubillos o muñecas del cerdo, imagináos.
 
 
Receta del fiambre de manitas de cerdo de Valdomicer
 
 
Mi santo recuerda con especial deleite la famosa Pechuga a la Kiev. No sé si las habrá mejores, pero puedo afirmar que conseguir una pechuga, rellena con una mantequilla al ajo y perejil, en su punto justo de cocción (en fritura) sin que quede seca, ni cruda, es muy, muy, pero muy difícil de conseguir.  Un bocado delicioso. Creo que es la comida lo que hace a un buen restaurante, y no un bonito envoltorio.
 
En bastantes ocasiones hemos hecho intención de volver allí para repetir, no encontrando el momento. Ahora parece que ya es tarde y que el restaurante ha desaparecido. Pero yo he encontrado esta receta del pollo a la Kiev y lo voy a intentar, años después de aquella curiosa experiencia, en aquel restaurante peculiar, con aquellos, seguro, Katherina y Vladimir que nos dieron tan bien de cenar, y que casi nos tumban con aquellas cervezas de 18 grados.
 
 
Aquella única experiencia allí quedará congelada en nuestra memoria como una escena, como la foto con la que abría el post, como un instante irrepetible ya, y en el que sólo quepa la recreación, la exageración, y la imaginación.
 

domingo, 4 de noviembre de 2012

La luz entre la caca III: OSCAR BERENJENA DEPILANDOSE LOS SOBACOS

Confiad en mí. Darle una oportunidad, sólo son 4 minutos. No os vais a arrepentir. Ya me lo diréis.
¡Feliz domingo!

domingo, 20 de noviembre de 2011

De cuando estuvimos cenando en el futuro


El sábado por la noche tuvimos cena de antiguos alumnos del cole, de la extinta EGB. Hacia 25 años que no estábamos juntos.

Con algunas personas si había mantenido contacto, 3 o 4. Tal vez me había cruzado con otras 4. El resto quedaron en mi memoria congelados con 13 y 14 años, muchos y muchas con el cuerpo aun aniñado antes de crecer.

Nervios previos a la cena, excusas preparadas para últimos momentos de pánico. Desentierro de antiguos temores infantiles y salvavidas de la gente que si que quieres volver a ver.

No voy a quedarme en la retaguardia. He venido a reconocer a mis antiguos compañeros, algunos a conocer porque realmente solo nos cruzábamos por el pasillo, así que tomo la iniciativa en muchas ocasiones de presentarme y preguntar con quien estoy hablando.


Gran alegría de encontrar a viejos y buenos compañeros, de los de los buenos momentos, de los que quedaron congelados así, en pequeñito. Irreconocibles hubieran sido por la calle, jamás me hubiera planteado ni saludarles por desconocidos. Así nos lo manifestamos ambas partes, en varias ocasiones. Hasta que se hacen los 15 segundos de lenguaje corporal y todos los gestos delatan al niño o niña que fueron: las risas con las mismas, el lenguaje no verbal les delata más que el DNI y entonces sonrío porque desde luego, no han cambiado tanto como me pareció al principio.

Difícil en general romper el hielo, y la mesa, rectangular, se organiza espontáneamente por los grupos que fuimos entonces: los chicos con los chicos, las chicas con las chicas y luego subdivisiones.

Comienzan a servir los platos, unos primeros para compartir. Y yo no puedo dejar de sonreír ante la metáfora de nuestro menú, y nuestras vidas: comienzos compartidos. Nuestra primera, primerísima infancia con unas mismas figuras de referencia, y experiencias escolares: el mismo bagaje común.

Croquetas para compartir. Dos tipos, bacalao y jamón, como dos grupos de edad que éramos: Parvulitos A y B, luego remezclados para volver a hacer EGB A y B.

Pates variados acompañados de mermeladas con nombres más resultones que su sabor: mermeladas corrientes al fin y al cabo. Como las fotos disfrazadas del facebook: las mejores fotos escondiendo la cruda realidad, casi tenemos 40 años, y no los frescos 14.

Palabras mayores: ensalada poco aliñada con rulo de cabra. Muy difícil de compartir, ya que alguien ha de tomar la iniciativa de dividir el queso para que todos se sirvan. Todos, en sus grupos respectivos con conversaciones en general difíciles de compartir: C. no tiene hijos aun, así que no preguntes. Se evita intencionadamente preguntar quién estudio que, o en que trabajamos. El que se atreve lo hace con la reserva del que está preguntando a cuanto asciende tu nomina. Algo que ya se sabe que en Madrid y alrededores suele ser tema tabú, aunque la afectación al reservarse la respuesta lleve al error de creer que son más de 3.500 euros.



Ensalada poco aliñada, como la conversación, porque no hay ningún detalle, y el rulo, delicioso en todas sus formas, pero definitivamente imposible de compartir.



Al fin segundo plato, a elegir...como en la vida. Cada uno toma un camino, exactamente único y personal, totalmente diferente e irrepetible: 50 personas, 50 caminos diferentes. Pese a que el menú solo deje elegir entre 3 opciones: carne, pescado o cerdo frito que todo el mundo sabe que es grupo alimentario aparte. Pese a que parezca que en las tres opciones podamos repetirnos, cada uno hace las adaptaciones oportunas, como en su vida: más o menos salsa, más o menos hecho, más o menos cantidad, más o menos confusión: perdone, esto no es lo que yo pensaba ¿podría traerme lo otro?



El postre, como una promesa de futuro, dulzón en todas sus variedades. Un plato con bocaditos de diferentes postres en el que hubo un claro triunfador, y un evidente perdedor. Venció lo tradicional con toques modernos: una mini torrija flambeada. Al fin y al cabo tenemos más edad de la que tenían nuestros padres cuando terminábamos la EGB, pero nos consideramos pelín más modernos. Por eso no dejamos de comer torrijas…aunque sean flambeadas.  


Perdió, por supuesto, la promesa de un futuro almibarado y excesivamente azucarado: la copa de dulce de leche concentrado, que volvió entera a la cocina en casi todos los casos.

Y es que aunque somos de espíritu joven, esa promesa...ya no coló. Será porque ya estamos viviendo el futuro que mirábamos en la EGB, y hemos visto que aun pudiendo ser sabroso, ni mucho menos  es dulzón.


lunes, 24 de octubre de 2011

Receta para escribir cuando no sabes de qué escribir

Si no te apetece escribir, lo tienes fácil. No tienes más que tirarte a la bartola y no escribir nada.

Si te apetece escribir,  las opciones para hacerlo (que no sobre que hacerlo) se reducen, pero aun así se pueden enumerar:

Opción A: Si tienes sentido del ridículo, lo que hará que no escribas cualquier cosa, o bien la sometas a un riguroso filtro, o peor, a que tengas entradas en borradores que posiblemente no vean nunca la luz.

Opción B: Si no lo tienes. Cualquier chorrada será buena para escribir. Post diario asegurado, y hasta dos. Con chorrada no digo un post malo. El mundo es de los valientes, y de los creativos que de una caca hacen una obra de arte.

Opción C: Tienes un blog si no temático, si cuasi-temático. Las opciones para escribir si no eres supermegacreativa  y prolífica se reducen dramáticamente.

Opción D: Tienes un blog como un cajón de sastre (que tiene de todo, no desastre como se suele, erróneamente, decir) Parecido a no tener sentido del ridículo: cualquier cosa vale.

Opción E: Eres flexible cual junco. Tienes temática en tu blog, pero te la sopla.

Opción F: Eres rígida como un poste de teléfonos. Tienes temática en tu blog, pero no te la sopla.

Opción G: En realidad no eres rígida, pero adoptaste la opción de la coherencia como el undécimo mandamiento de la ley de dios. Esto a efectos prácticos significaría no salirse de la temática del blog.

Está escrito en femenino porque está escrito para mí.

Si has llegado hasta aquí sin dejar de leer, eres fiel y leal seguidor-seguidora. Continuar es libre, pero advierto que voy a dejarme llevar por el absurdo.

Amor y cocina cotidiana: Disección

Por temas:

-Amor cotidiano: creo que últimamente estoy bastante babas con el asunto, tanto con el amor por el santo como por las niñas. Es innegable que vivo los mejores momentos de mi vida hasta ahora, pero he llegado a sentirme mal, o pesada contándolo, cuando no culpable por la gente que ahora no lo está pasando precisamente bien por la carencia de alguna de ellas.

-Cocina cotidiana: Mantenemos el orden en casa con “relativa” facilidad. Tal vez sea haber estado esperando con la espada en alto el caos del segundo hijo, ese multiplicar el trabajo por tres que nos ha llevado a estar esperándolo con la fuerza, la paciencia y la resignación como si fuera por cuatro. El caso es que este aparente orden y tranquilidad ha aniquilado una de nuestras principales aficiones: la cocina.

Algo tenía que morir en el intento, y es ahora, repasando, cuando soy consciente de lo que ha sido. Hemos renunciado a echar la tarde cocinando a cambio de llevar la plancha al día y de evitar que los pelos de la perra corran felices por la casa en manadas y de salir al parque mientras al sol le quede calor.

Debí darme cuenta cuando desde hace dos sábados, no hacemos nuestra cena especial para los dos, y acabamos cenando lo que le apeteció a cada uno…

En fin…que no es que comamos mal, es que comemos sencillo de la muerte: sopa de brick, crema fácil de verduras, ensalada, legumbre y plancha. Mucho pescado y poca carne, tan poca que ahora el congelador tiene sobre todo pescado fresco que congelo, y salgo alguna vez entre semana a por alguna carne, cuando antes era al revés.

Cuando empecé a escribir este post, lo hice tras buscar entre las imágenes de todas las fotos que les hacemos a nuestros platos. Tengo cientos, sin publicar post. Pensé que viéndolas tal vez se me ocurriría alguna.

Y solo me he fijado en una pensando en mi amigo Valdomicer, en el que pienso cada día (no te lo vayas a creer ¿eh?) porque le debo una cosa que por falta de tiempo, y sobre todo de organización, aun no está en sus manos. Y porque desde que tuvo la desgracia, para él, como buen comedor que es, de que le pusieran a dieta estricta, no hago más que darle vueltas a alguna receta sana que le provoque.

Y es que los remordimientos con respecto a la falta de cuidados a amigos, virtuales, reales y verticales, también aprietan en esta vorágine de pañales, risas, mocos, ocurrencias, toses secas, trastadas, toses de flemas, reflexiones sesudas, pediatras, trabajos de primaria, excursiones y jalogüinis varios, concursos de calabazas, buenas notas académicas y malas de comportamiento, periodos de adaptación y vuelta al trabajo….Si, aprietan…

Pues eso, a lo que iba al principio, que me he distraído. Pues si tienes un blog de cocina, miras las fotos y coges una receta y escribes. O más bien vomitas, como yo llevo haciendo ya media hora.

La siguiente es una ensalada de nuestra invención, y a la que perfectamente se puede sustituir la pasta por lechugas varias y canónigos y un puñadito de pasta más pequeña (sobre todo si hay niños en la casa, a los que pondremos más cantidad de pasta…lo verde para nosotros)

En este caso fueron unos macarronazos indecentes que compramos por avariciosos, y porque fuimos a comprar con hambre, cosa que cualquiera con dos dedos de frente sabe que no debe hacer porque:

A.  Si vas a por pasta fina, te traerás los macarrones más bastos, más caros y más groseramente grandes que encuentres.

B.  Además de los macarrones bastos, es posible que también te traigas 4 bolsas de patatas varias, el lote de 6 donuts a 2,15 y natillas para un regimiento.

La foto queda preciosa, pero el plato quedo basto como un bocata de chapas, no lo recomiendo. Lo importante de este plato es la salsa, que lleva:

-Un bote de tomate entero pelado escurrido: quitar el caldo ese que sabe a conservante. Triturar brevemente el tomate en el vaso de la batidora o túrmix. Digo brevemente porque nos deberían quedar algunos trocitos pequeños de tomate, no hacer un puré.

-Añadir orégano de forma generosa. Por supuesto, si es fresco, mejor.

-Bien de aceite de oliva virgen extra

-Un diente de ajo bien picadito, lo más minúsculo que podáis

-Una lata de anchoas picada finita (no como la de la foto, que fueron enteras).

-Aceitunas negras cortadas en rodajas o en trocitos. Al gusto.



Todo se mezcla, pero ya no se pasa más la túrmix. Se reparte por encima de la ensalada, ya sea de lechugas, o de lechugas con pasta, o de pasta sola.

Podemos añadir si queremos salmón  o trucha ahumados. Es una cena ligera y estupenda, y plato único con todos los alimentos representados.

Y ya está. Esta es la receta para escribir un post sin tema, pero con ganas de escribir.

Porque temas es cierto que tengo, pero no todos me apetece contarlos por tristones…será que se acerca noviembre, y me pongo mohína ¡tan feo es este mes!

¡Abrazos apretaos!

viernes, 27 de febrero de 2009

EL CLUB DE LAS MALAS MADRES


Acaba de salir a la venta, y promete.


El pasado 24 de febrero salió a la venta el último libro de Lucía Etxebarría (madre y escritora) y Goyo Bustos (profesor) sobre Educación, desde otra perspectiva El Club de las Malas Madres


Copiado de http://www.lecturalia.com/: Habla de cosas de las que normalmente no hablan otros libros: de la imposibilidad de conciliar carrera y maternidad, de la desigualdad en el reparto de roles y de las dudas serias que acometen a las madres que se ven a sí mismas como «malas madres» frente al ideal de madre abnegada, entregada, eficiente y siempre feliz que se nos vende desde los medios, la publicidad o el cuché.


¡Si el libro retrata tan bien nuestra vida cotidiana como la portada, me lo pido!

miércoles, 11 de febrero de 2009

Homenaje a la Paciencia

Buffffffff, la lasaña era larga de hacer, pero de escribir...ni os cuento. Muchos ni terminaréis de leerlo, por pesada ¡seguro!...hacéis bien.
En desagravio receta de cena fácil.
Abrir un brick de caldo (mucho menos sabor a avecrem que las sopas, donde va a parar) poner en un cazo y llevar a ebullición. Añadir fideos. Si son finitos, cabellín, hasta podéis apagar ya la sopa mientras se pone la mesa. Se cuecen con el aliento, ¡qué finos son!
Cortar embutido, y si hay jamón, pues jamón también.
Servirlo todo en la mesa con una buena barra de pan.
Ya está. Cena rica.
Bueno, sería más rica con unos buenos güevos fritos (de los del número 1 claro)
Ya está. Ahora sí.

martes, 2 de diciembre de 2008

Cómo hacer un perolón de albóndigas Parte II (y que no te pique la nariz)

Después de sobrevivir a la compra de la carne picada que nosotros queríamos, por fin tenemos nuestra carnecita en casa...hummmm...(ver http://amorycocinacotidiana.blogspot.com/2008/11/cmo-hacer-un-peroln-de-albndigas-y-no.html primera parte de como hacer un perolón de albóndigas y no morir en el intento con el carnicero)
Como carnívora (bueno, y omnivora también) que soy, no hay nada que me ponga de mejor humor que tener carne en perspectiva para la comida.
El siguiente paso es pensar...¿cuantas almóndigas queremos? (sí, sí, hace años la RAE de las narices aprobó almóndigas con M para igualar pueblo y ciudad. Justo cuando en mi pueblo dabamos cursos intensivos para aprender a decir alBóndiga y Omóplato, ya nos permiten decir alMóndiga y...Escápula. Tocaté las narices. Toda la vida diciendo "rascamé la paletilla", y cuando aprendes a decir Omóplato como la gente fisna...van y lo llaman Escápula.
Que me despistooooooooooooo
¿Cuántas almóndigas queremos? Pues un perolón. Con un kilo, si no se hacen muy grandes, pues ya salen para dos o tres días (dos o tres personas, claro). El siguiente paso es "arreglar la carne" que dice mi madre.
Se pone en un bol (ensaladera de toda la vida de dió) la carne y se extiende bien...es decir, que hay que quitarle la forma del paquete. Salar generosamente. No tanto. Añadir 2 huevos gordos o 3 medianos (ó 4 pequeños, ó 12 de codorniz...) y batir y mezclar bien con la carne. En este momento ya sube un olorcillo (si la carne es fresca) que me dan ganas de comérmela a puñados (carnívora carnívora), cosa que mi madre y yo hacíamos cómplices "pero solo una pizquita, que está todo crudo".
Se añade generosamente ajo en polvo. No recomiendo el fresco porque te pueden repetir hasta el día del juicio final. Y por último el toque maestro, el truco del almendruco para que no queden secas. El truco para que queden esponjosas, suaves, tiernas por mucho que cuezan. Se añade generosamente miga de pan del día anterior muy picadita, o en su defecto pan rallado.
Ésto, que se hacía antes para que la carne cundiera más, y de menos sacar más, se ha convertido el el verdadero quid de unas albóndigas sabrosas y jugosas, nada secas.
La carne así preparada, se mete a la nevera unas horitas, pero si se tiene prisa, se puede proceder a hacer las pelotas (de fraile).
Si es posible se pedirá a una niña de unos 4 años su colaboración, más que nada para hacer más divertido el proceso de pelotear y algo más corto (no mucho). Ojo, lo que se gana en tiempo de pelotas, se pierde en limpiar a posteriori...pero te ríes...!!!!!
Bueno, lo más importante antes de empezar a hacer las pelotas de carne y pasarlas por la harina, es que hay que limpiarse y rascarse la nariz lo más posible antes de empezar. La ley de Murphy dice que te picará la nariz en el mismo momento en que la harina haya hecho masa con la carne en tus dedos y como te rasques estás perdido....será una reacción en cadena con final imprevisible.
Merece master aparte el tamaño de las almóndigas. Hay personas que comen 4. Hay personas que comen 15. Todo depende de su tamaño, evidentemente. Conozco gente que las hace como puños (literal) y otros recientes que las hacen tan pequeñas que las llaman "moquitos"
En muchos casos el tamaño es inversamente proporcional al tiempo que tienes para hacerlas. En un día de trabajo con la hora pegada, empezarás con moquitos y terminarás por puños.
Después de seleccionar el tamaño idóneo de la pelotilla, se enharina y se le da forma redonda entre las palmas de la mano, y se van friendo con salero en una sartén bien llena de aceite, de forma que se cubran bien.
Antes de ésto tendríamos que tener iniciada la salsa a la que vamos añadiendo las albóndigas una vez fritas...pero esa, esa es otra historia.