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lunes, 28 de mayo de 2012

La imperfección y la vida (o pastel de calabacín destrozado)

¡Cuántos días sin escribir! Como si fuera necesario dar tantas vueltas para hacerlo, como si fuera importante escribir mejor o peor, más o menos interesante.

Menos mal que hoy se me rompió el pastel, y el santo me ayudó a darme cuenta de que lo roto, lo imperfecto, también es escribible.

Encontré la receta ayer mismo, en este blog que se llama Porque me gusta lo fácil ¡y vaya si lo es!

El viernes pasado comenzó la semana del calabacín (yo lo nombré así) cuando lo encontré en mi frutería a 0,60 céntimos, así que encontrar por casualidad esta receta ha sido toda una suerte.

El santo refunfuña por la tarde al conocer la cena que se avecina: reconozco que no tengo mucha mano con los pasteles salados, encima es de verdura, y no se fía.

Por lo visto la receta original lleva la verdura cruda...pero yo he preferido, como la autora del blog...darle una vueltecita.

Le he hecho unos pequeños cambios que lo han hecho delicioso:

-Una cebolla hermosa, cortada y pochada
-3 calabacines pequeños, o dos medianos, cortados en dados y un poco pochados, no del todo.
-150 gr. de harina (yo a ojo, como un cucharón de servir lleno)
-60 ml de aceite (o un buen chorrete)
-4 huevos
-100 gr. de queso en polvo.
-La receta original sólo lleva de carne 200 gr. de jamón de York. Yo no tenía tanto, sólo 3 lonchas abandonadas, 3 lonchas de bacon y un puñadito de carne picada. Podéis prescindir de todo ello, pero yo no prescindiría del bacon, es lo que más saborcito le ha dado.
-Sal, pimienta (y nuez moscada, pero yo no tenía)
-1 sobre de levadura (la roja, o la que sea)

Como dije antes se pocha la cebolla, y un poco el calabacín y el bacon. Aparte se baten los 4 huevos, se añade la harina, la levadura y el aceite y se bate bien.
Se añaden las verduras picaditas y un poco pochadas (terminarán en el horno) a la mezcla anterior, se pone en un molde engrasado de los que se pueden retirar luegos las paredes para desmoldarlo (esto es muy importante) y se hornea a 180 ºC durante 30-35 minutos.

Yo lo pongo en el centro con calor sólo abajo y en los últimos 5 minutos le pongo el calor arriba también para que se dore.  Para saber si está hecho es como otros pasteles y/o bizcochos: se pincha con un cuchillo afilado y si sale limpio, ya está.

Quedó precioso, lo juro. Como utilicé un molde de los que dejan agujero en el centro, porque el que tengo desmontable (del chino) está descuadrado y se me salen las mezclas, pues cuando lo saqué quise desmoldarlo inmediatamente.

Muy lista yo lo puse del revés en un plato. Y pensando que tendría la misma flexibilidad que un bizcocho, le dí la vuelta con otro plato....lástima que el pastel decidiera abandonar el plan a la mitad del camino...

¡Desesperación! lo rescatamos encima del plato. Por supuesto es comible. Feo, pero comible.

-¡Yo que quería hacerle una foto y subirla al blog! lloriqueo
-Pues la pones como ejemplo de que a veces la cagamos-me anima el santo-

Así que aquí está. No vamos a olvidar que a veces las cosas no salen como queremos, como las imaginamos, o como nos gustarían. Que no somos perfectos, ni hacemos cosas perfectas, ni todo lo que nos pasa es bueno.
Pero todo es aprovechable. Y si no, preguntadle al santo y a la nena, lo bueno que quedó, aunque con la foto sea difícil apreciarlo:


Clasificación:

Dificultad: fácil
Tiempo: 50 minutos
Precio: 1,50-2,00 eur aprox.
Receta para bebés: sí (sin especias)

sábado, 5 de febrero de 2011

Lentejas sólo hay unas (o Ya estás con nosotros III)


Es una verdad verdadera: lentejas sólo hay unas, las de tu madre.

Tengo a bien ostentar el récord de hacer las lentejas más malas del mundo. Pero varias veces además ¿eh? Lo digo porque nunca unas se parecen a otras, siempre me salen diferentes. Aguadas. O algo tipo ensalada de lentejas sin caldo y sin sustancia. ¡Si hasta me salen duras y malas tras cocer un buen rato las que no necesitan remojo!

Lo he intentado de todas las maneras. Con verdura. Sin verdura. Con chorizo y costilla, fuertecitas, a remojo, sin remojo ¡un desastre! Y que conste que yo me las como, que sarna con gusto no pica...pero mi santo no traga, y como concesión ante el suplicio, al menos me pide, que no le pique la cebolla, que por lo menos la ponga en cascos. Bueno. Poca cosa es, aunque a mí, puestos a comer unas lentejas malas, pues me gusta que parezcan algo así como una sopa juliana...pero con lentejas.

El día que pensábamos que dabamos a luz, no era el definitivo. Desde las 6 de la mañana las contracciones eran regulares y dolorosas, pero no las de parto que yo recordaba. A las 4 de la tarde nos fuimos al hospital...no nos pareció prudente, estando pasada de cuentas una semana, demorarnos más, no fuera a estar de parto-parto y yo sin enterarme, no fuera a sufrir la bebé. La nena se queda en casa con mi madre, con quien más segura y protegida se siente después de nosotros. Mi madre no está agusto teniéndome en casa, hubiera preferido que me fuera antes (incluso días antes) al hospital.

¡Ay madre! pero son lentejas, las tomas o las dejas. Qué cabezotas somos a veces. Bien recuerdo sus palabras cuando me decía que a los padres no se les quiere del todo, hasta que tú misma no lo eres. Bien cierto es, cuando nació la Nena y la frase cobró todo su significado.

Tener a tu madre en casa es un chollo, incluso aunque tu santo sea un santo y te cuide de mil amores. Porque tu madre te obliga literalmente a descansar, y te hace y te compra muchas cosas ricas, y porque...bueno, son amores diferentes, el amor del sacrificio, el que ahora aprecio mucho más porque estoy dispuesta a hacerlo por mis hijas.

Ostras.

Mis hijas. MIS HIJAS ¡Qué bien suena!

Como iba diciendo antes de empezar a desvariar...
....a las 4 de la tarde estaba ya dilatada de 4 centímetros. Y pasadita de fecha, así que ya me dejan ingresada, pero en planta, porque va para rato. Y hablamos con nuestros padres, varias veces durante la tarde. Y durante la noche. Y como no avanza mucho más, (dicen que los eternos 4 cm son regalo por ser multípara) si no me pongo de "más parto" yo sola por la noche, me lo inducirán a primera hora.

No hará falta. A las 6 de la mañana yo ya llevo 3 horas insoportables. Pero ya no es hora de llamar a casa y comentar las novedades, yo solo quiero un buen bolo de epidural. En la habitación de dilatación-paritorio-recuperación (3 en 1, genial) no se pueden tener móviles que afecten a los monitores, así que los dejamos en la habitación. Se puede decir que a estas alturas ya llevo 24 horas de parto y que estoy bastante cansada, aunque los dolores de ayer no fueron como los de hoy, donde ya por fin, me merezco una epidural en condiciones.
Los días del postparto son tan dolorosos como dulces. Tanto mi madre como mi santo me dejan vivir borracha de amor por la bebé, y allanando el camino con la Nena y que no sea tortuoso. No lo es. Ambas nos estamos conociendo, algo bastante necesario dados los años que nos quedan por vivir juntas. Uno de los días del puerperio le pido a mi madre que haga lentejas con las verduras, costilla y chorizo que hay en la nevera.

Foto de lentejas robada de aquí


¿Cómo se me pudo olvidar? Mi madre es una excelente cocinera. No sólo hace de comer, sino que además, cocina. Y cocina con amor. Y mucho cacharrerío, eso sí, que es muy cacharrera mi madre. Pero se la perdona, por guapa, y por lo bien que nos quiere a través del estómago. Y digo que se me olvidó, porque ahora cuando quedamos para comer en ocasiones especiales, o no tanto, pues siempre hace alguna cosa especial, pero nunca platos corrientes, de puchero o los de cada día. No vivimos cerca, así que no tenemos la oportunidad de comer a menudo.
Había olvidado el sabor de sus platos cotidianos. A mí. A la del blog del Amor y la Cocina Cotidiana se le habían olvidado los sabores cotidianos de su madre.

¡Qué gusto de lentejas! Y mira que les echó lo mismo que yo...pero tenían el toque madre.

Espero que ahora que yo soy madre repetidora, como ella, me llegue el toque ese. De momento ella cocina en pasos...y en el caso de las lentejas lo deja hervir todo un buen rato, y por último echa las lentejas, porque son las que menos tardan. Y sin harina, y sin pimentón ¡qué buenas y qué textura!

A las 9 de la mañana yo aún estoy dilatando, y pienso en mi nena que está yendo al cole de la mano de su yaya. Y pienso más en esa yaya, en mi madre, que no sabe como está su hija desde las 12 de la noche.

Y empiezo a sentir la angustia y la empatía por las madres que sufren por sus hijos para toda la vida, y en que no me gustaría que ninguna de mis dos hijas estuviera dentro de un parto tan largo sin saber apenas nada, sin posibilidad de saber nada aún por las horas, por las circunstancias y la falta de móviles.

Nos hacen pruebas que no entiendo para saber si hay sufrimiento fetal. Parece que no, pero todo se apresura y el paritorio se llena como una plaza de toros. No falta ni el apuntador. Los pujos no valen, la bebé se vuelve a subir para arriba. El parto se me hace eterno aunque no doloroso, menos mal. La matrona me aplasta encima de mí mientras pujo, mientras la ginecóloga enreda abajo, al final el parto es instrumental y yo me muero de miedo. Me juran 3 veces que no tirarán de la niña, las espátulas son sólo para abrirme a mí. Yo empujo, y empujo, y empujo y me muero de miedo por mi niña. Sólo quiero verla ya, y empujo hasta ponerme negra ¡¡¡¿¿por qué no sale ya??!! Esto con dolor hubiera sido un infierno ¡bendita epidural!

Cuando comemos las lentejas a punto estoy de que se me salten las lágrimas ¡qué buenas! y qué recuerdos de sabor de la infancia. Las lentejas como siempre, siempre buenas, siempre en su punto. No como las mías, indefinidas, variables, pasto-acuosas. Le pregunto a mi santo, con mi madre en la mesa, si no le parecen las mejores lentejas del mundo, y casi le pido perdón por las que yo le obligo a comer. A lo que él sinceramente responde:

-Mira suegra, no te ofendas, que están muy buenas ¿eh? pero donde estén las de mi madre....

A ver, lógico y normal.

-Mira, mira, mira (esos tres miras, también nos los dijeron en el parto de la nena) ¡ya sale!

Yo me incorporo corriendo, pero aún tengo la barriga tan gorda que me es completamente imposible verme el pubis o a mi niña saliendo. Un segundo más y la ginecóloga la tiene en las manos ¡¡¡Es gigante!!! me dice antes de dármela

¡¡Trae, trae, trae!!! es mía-pienso-mi niña, mi niña, al fin, al fin ¡cuanto te has hecho de rogar!

Lloro, mucho y mucho rato. Más que ella, como es su obligación para limpiar bien esos pulmones que suenan sucios. La medicina avanza (o se retira a un discreto segundo plano) que es una barbaridad, y nos dejan 2 horazas en lo que llaman pielconpiel sin limpiar, sin pesar, sin perrerías, encima de mí. Lo imprescindible se lo hacen así, sobre mí. Y yo la huelo, y no encuentro su olor. Y entonces sé que se parece a mí porque eso solo puede significar que su olor es similar al mío, y por eso me cuesta más percibirlo que lo que me costó con su hermana mayor, con ese olor dulce tan caracterísitico de su padre.

Y pese a que su papá puede quedarse con nosotros esas dos horas, en cuanto puedo, le mando corriendo a la habitación a llamar a nuestros padres, que deben estar sin que les llegue la camisa al cuerpo, tantas horas sin noticias. Y eso hace, llamarles ya por fin.

Vuelve rápido al paritorio, y me trae mi teléfono. Yo sólo quiero saber si ya llamó a mi madre. Quiero hablar con ella.

Marco su número con mi bebita de casi 4 kilos aún cubierta de mi sangre sobre mi pecho:

-Dime hija
-Máma, ya, ya está

Y ya no recuerdo más, porque sólo oir la voz de mi madre, me hizo volver a llorar.
Porque necesité a mi marido que me miraba y me sostenía y me animaba como mujer para traer a nuestra hija al mundo en un último esfuerzo, pero también necesité luego por teléfono a mi madre para que recogiera los pedazos de la niña asustada que quedó tras ese largo, largo parto...




jueves, 6 de mayo de 2010

Croquetas de algo (o intentarlo hasta morir)



Este post está dedicado a Valdomicer, que me lleva pidiendo la receta mucho tiempo, a La de la Tiza, que también hace algunos post me pidió una de croquetas de roquefort, y como no, a mi madre, mi cocinera de cabecera, gracias a la cual me salen tan buenas y en su densidad justa.


Recuerdo mis primeras croquetas, fueron de atún en la casa donde cuidaba de dos niños mientras estudiaba. En vez de ponerle atún en aceite, se lo puse en escabeche: eso no eran croquetas, eran minibombas nucleares que de sabor eran deliciosas, pero que explotaban en el estómago su exceso en vinagre hasta hacer que cada palabra, fuera una llamarada de dragón del ardor de estómago que se nos quedó a todos.

De todo se aprende, las croquetas de atún, con poquito o nulo escabeche, mejor natural o en aceite.

Hacer la masa de las croquetas es bastante complicadillo, aunque no siguiendo dos máximas que me dió mi madre: unas medidas con las que desde entonces juego con la bechamel para todo, y un tiempo y unas características especiales que te hacen saber que ya no hace falta que la bechamel cueza más ¡ni menos!

¿Cual es la base de las croquetas? Una buena bechamel, eso lo sabe cualquiera, pero ha de ser en el punto justo de densidad de modo que no se desparramen por la sartén luego, o que queden tan espesotas que parezcan hechas para el enemigo...


El interior o protagonista de la croqueta en sí también influirá, aunque ligeramente, en esa densidad, por lo que hay que tenerlo en cuenta. No es lo mismo las croquetas de cocido (sí, he dicho cocido) que croquetas de roquefort: las primeras serán de relleno denso y las segundas, en la práctica el queso se transformará en líquido.

Sin más preámbulos comienzo con los 2 ó 3 trucos y medidas básicas para hacer unas buenas croquetas.

La medida base, sobre la que se añadirán modificaciones dependiendo para qué queramos la bechamel, será la siguiente:

-Tres cucharadas de madera tamaño estandar colmadas (con cucurucho hacia arriba) por cada LITRO de leche. Con tamaño estandar me refiero a la cuchara de madera típica para cocinar, que es como dos veces una sopera, pero sin llegar al cucharón de servir. Para muestra, unas fotillos

Aquí los tres tamaños a los que me refiero, para que se vea la comparación:




Y aquí como hay que "copar" la cuchara de madera de harina. Con más pico si se puede:




Bueno, pues esa es la medida, lo más importante para conseguir la densidad ideal de las croquetas. En cualquier caso, casi siempre será mejor pasarse de harina, que quedarse corto pues nos quedarán líquidas y no habrá nada que hacer con ellas.

Repito:
-3 cucharadas de madera copadas de harina para 1 litro de leche (para 2 litros, 6 cucharadas, y así sucesivamente) Bajo ninguna circunstancia añadir más leche o agua de la medida
-Un trozo de mantequilla, al gusto (a mí me gusta pura, no margarina) más o menos lo que arrancamos con una cucharada sopera
-Sal
-El protagonista de las croquetas.

Mi madre dice que los maestros añaden al protagonista desde el principio, aunque los novatos pueden añadirlo al final para hacerse primero con la masa. Hoy pondré 4 protagonistas:

-Croquetas de cocido: para ello utilizaremos los restos después del cocido, no es necesario mucho puesto que con hacer un plato de picadillo será suficiente. Va en gustos la proporción, lo ideal es que lleve un poco de pollito o gallina, un poco de carne de morcillo,un poquito de jamón, muy poco chorizo para que no sobresalga demasiado, menos morcilla y 10 ó 12 garbanzos machacados. Todo lo demás bien bien picadito. Para mí es importante esta proporción: más cantidad de lo que más suave sabor tiene, y menos cantidad de los más resultones para que pueda darse el equilibrio.

-Croquetas de Roquefort: Podemos hacerlas o bien de Roquefort auténtico, o de queso azul. Ni que decir tiene que el Roquefort auténtico es otra cosa y por una vez, bien lo merece. Para la medida del litro de leche necesitaremos una cuña de 100 gr. (la marca Sociètè las vende en ese tamaño, y son muy buenas)

-Croquetas de Atún: Se pueden hacer de atún fresco, pero personalmente prefiero las de lata. Para 1 litro de leche, 3 latas de atún al natural o en aceite, y una en escabeche ¡sólo una y bien escurrida! para que le dé el puntillo, pero sin que nos destroce el estómago con el vinagre.

-Croquetas de jamón: Jamón picadito, en taquitillos al gusto y en la cantidad en la que uno quiera llamarlas "croquetas de jamón jamón" o croquetas con "aroma de jamón"

Como decía antes, para expertos, empezar con todos los ingredientes excepto en el caso del roquefort que siempre va casi al final.

Trucos a tener en cuenta:

-Para mí es importante tener la leche ya caliente en una jarra al lado cuando empiezo a cocinar. También se puede hacer con la leche fría, no pasa nada.
-La bechamel o croquetas son muy celosas: quieren que estés con ellas todo el rato, no se la puede dejar de mover y de mimar hasta el final.
-La bechamel siempre siempre tiene que hervir, y sin dejar de remover, claro. ¿En qué momento se retira? Cuando después de un rato hirviendo, que es lo que hace que se cocine la harina, y no sepa a harinaza, la masa, ya sea líquida para una lasaña, o espesa para unas croquetas, se despega de las paredes y del suelo de la cazuela al pasar la cuchara haciendo un ruido característico: fissssssssssssssssssssssss.
-Para las croquetas la proporción leche/harina no admite negociación: menos harina, o tener la tentación de añadir leche, nos las puede arruinar y convertirlas en sopita.

Entonces:

Ponemos a calentar en una cazuela el trozo de mantequilla y mientras se derrite añadimos la harina (a fuego bajito) y mezclamos bien de forma que haga pelotillas doradas que intentaremos que queden más pequeñas dándoles vueltas (dicen que al contrario de las manecillas del reloj)Excepto en el caso del roquefort, añadir ahora el protagonista (el jamón, o el cocido, o el atún) de forma que quede envuelto por la harina y la mantequilla.

Añadir un poco de leche y ligar dando vueltas, seguir añadiendo leche sin dejar de mover y ligar, añadirla toda y seguir moviendo y lo ponemos a fuego medio. Nunca dejar de mover, que se pega muy rápido.

Seguir removiendo hacia todas partes, y de diferentes maneras, despegando de las paredes, en círculos...Probar de sal sin quemarse y corregir si es necesario

Como decía antes, ha de hervir, y aún después de eso seguir moviendo e hirviendo durante por lo menos 5 minutos. Este tiempo puede ser variable, sabremos que tenemos que ya perdió el sabor a harina cruda cuando tras hervir, haga el ruido que dije antes y se despegue de la cazuela al pasar la cuchara.

Extender la masa en una fuente y esperar a que se enfríe, espesándose por sí misma un poco más. Suele hacer una capa dura y seca encima, la romperemos con una cuchara y mezclaremos bien con el resto de la masa.

Envolverlas en huevo batido y pan rallado y freirlas en aceite de oliva muy caliente.

A mi madre, con todo mi amor, y a Valdomicer ¡si no te salen siguiendo esta medida, te voy a tener que mandar la harina medida en una bolsa!
Dicen que no hay croquetas como las de la madre de uno o una...en mi caso es cierto. Y yo lo llevo crudo...¡a mi hija no le gustan!

domingo, 12 de abril de 2009

Flan Frito (o como pasarse de lista con la leche frita)


¿Os gusta la leche frita? Ni soñéis que podáis aprender conmigo a hacerla. La de la foto no es mía, es hija del goooooogle.
Igual que me salen bien las torrijas, ya he visto que la leche frita no es lo mío...esto me pasa por culpa de movistar, que cuando he llamado a mi madre, no tenía cobertura, como casi siempre. Estoy por pedirles daños y perjuicios...
No es novedad que mi madre es experta cocinera, y si le falta algo, se inventa el sucedáneo divinamente y sin apenas diferencia.
Es genial. Ni que decir que su leche frita es mundialmente famosa entre mis amigas, y siempre agradecida. Hace tiempo que mi madre me explicó la receta, pero nunca he hecho crema pastelera. Ella me dijo, "es igual, para unas prisas, haces la crema con Flan Potax, pero con la mitad de leche que pone la receta para el flan y te quedará la crema espesa para la leche frita".
¡Alma de cántaro! Olvidé que el Flan Potax...está preparado también para hacer este tipo de crema. Y yo...he usado Flan Chino (que solo sirve para hacer flan y natillas)
Pues eso, que ayer muy chula yo (si mi madre sustituye y la queda genial, pues a mí, también. Flan chino al canto). Observe el lector avispado que ya llevamos sustitución de la sustitución.
Y preparo el flan, pero con la mitad de leche, para que quedara espeso.
No, si espeso quedó. Y yo lo guardo en la nevera para cortarlo en dados al día siguiente, enharinar, enhuevar y freir. Luego pensaba ponerle el azúcar para que con el paso de las horas se hiciera ese almíbar tan rico que le sale a mi madre (no como la foto, la leche frita de mi madre está mojada en su propio jugo de azúcar)
Pues ea, que va la lista (o sea yo) y pone a calentar una sartén de aceite como el infierno mientras enharino y enhuevo. Pongo en la sartén con mucho cuidado y FFUUUUUISSSSSSSSSSSSSSSSSSSS ¡¡El desastre tomó forma, o más bien la perdió!
Sí, la muy traidora masa se ha empezado a deshacer y derretir en la sartén, sólo he podido salvar la primera tanda, porque a la segunda, se ha empezado a quemar lo que se seguía derritiendo (y perdiendo la cobertura del huevo) y encima me salían ¡casi negros!
Un desastre, porque no os quiero ni contar como saltaba eso ¡buf! ¡todo lleno de salpiconcitos de grasa, por todas partes!
He salvado los más enteros, amarillitos, cerrados y comestibles y les he puesto el azúcar. Y de postre, se los he dado a probar a mi santo ¡Santo Varón! que textualmente me ha dicho: "Está rico, pero no es como el de tu madre. Sabe a flan frito"
Menos mal que ha nombrado para bien a su suegra, que si llega a nombrar a la mía para comparar un plato ¡la foto hubiera sido otra!
Menos con el arroz con leche y las torrijas...no me llevo muy bien con los postres, y si no, recordad mi famosa tarta pie de sombrilla...
En fin, pendiente estoy de que San movistar le dé cobertura de nuevo a mi madre, y poder ofreceros la receta en condiciones.
¿Estamos todos de vuelta? Besitos

lunes, 2 de marzo de 2009

Tarta de Manzana o Cómo fabricar un Pie de Sombrilla casero

Seguro que con vuestro grupo de amigos y amigas tenéis códigos que sólo vosotros conocéis. Y cachondeos que sólo vosotros entendéis...hechos, frases, cagadas que pasarán a la historia común y que nunca, nunca os dejarán olvidar. Esos que valen también para cuando uno o una se pone bobo/boba, sirven para bajarle de nuevo a la tierra. ¡Libraté de cagarla con una frase, plato, chiste con los amigos, te lo recordarán de por vida! (es hermoso por otra parte ¿verdad?)
Hace tiempo mencioné algo así, tenía pendiente contar mi gran cagada culinaria (tengo muchas, pero ésta es la que utilizan como si fuera mi tercer apellido), la que está en los anales de la historia amiguil. Mi famosa tarta-cemento-de-manzana. La que serviría como pie para mantener una sombrilla de playa recta.
Antecedentes. No suelo cocinar repostería, será que no soy excesivamente golosa y en casa tampoco mucho. Lo más que hago son postres tipo arroz con leche, natillas, flan...esas cosas. Mi única debilidad es la Tarta de Manzana.
Estaba yo embarazada hasta la boca, y una compañera llevó al trabajo una susodicha, que me supo riquísima (lo que no me supiera a mi bueno en el embarazo....terminaba de comer, y ya estaba pensando en la siguiente hora de volver a hacerlo). No era una tarta de manzana al uso, o sea, que no era hojaldre, crema y la manzana por encima, sino un pastel compacto de masa con la manzana entre esa masa.
Le pedí la receta inmediantamente, claro....¡ay! "Es facilísima" textualmente me dijo....echas más o menos harina, más o menos leche, más o menos mantequilla, más o menos azucar y la manzana, lo mezclas todo, al molde y al horno
-¿Cuanto tiempo?
-A ojo
-Ya, ¿y exactamente cuanta harina? ¿me tiene que quedar líquido, espeso, cómo?
-A ojo, si es facilísima, tú, a ojo.
¡OJO! Nunca hagáis una receta con estas instrucciones. Lo pagaréis muuuuuuuuy caro.
El sábado siguiente yo seguía embarazada, claro, una semana más, por supuesto. Y vienen nuestros 6 mejores amigos a cenar. Nos encanta hacerles cenitas ricas (como a todo el mundo, supongo), siempre se van supercontentos, les gusta como cocinamos. Y qué mejor ocasión que hacerles, por vez primera (ya digo, nunca hago postres), la tarta Ojo de Manzana aprendida esa semana.
Que conste que andaba más perdida que Marco buscando a su madre en los Urales, así que, como veía que el asunto no iba a ir tan bien con el famoso OJO, volví a dar la rarra a mi compi por teléfono tratando de que ajustara más las cantidades y el tiempo. Recibo las mismas instrucciones. Corto y cierro.
Llega la noche, la cena estupenda, y ¡hoy sorpresa! tengo Tarta de Manzana casera.
Ya me había dado mala espina que un molde (más o menos del tamaño de la tarta de la foto) pudiera albergar en tan poco espacio ese peso desproporcionado que noté al cogerla. Cosas del embarazo, pensé. Me pesa todo.
Servimos la tarta. Color interior sospechoso, consistencia rara-rara. Silencio sepulcral. Todos están probando el primer bocado. El amigo del alma de mi santo, y marido de mi amiga del alma, el que más confianza tiene (donde hay confianza da asco) tiene el tenedor clavado en el medio de la tarta y lo balancea de un lado al otro haciendo "doing-doing"
Pruebo un trozo. Es repugnante, esto está intragable. Por supuesto no tiene sabor de manzana horneada sino semicruda. El sabor a harinaza es insoportable y la consistencia gelatino-siliconosa que quedó es como la de los callos esos que venden envasados en plástico con la salsa marrón, como si cortaras ese trozo en frío.
El silencio sigue. Nuestro amigo a decidido levantar su trozo entero pinchada con el tenedor ¡y no se suelta!. No soporto la buena educación de los demás y les suplico:
-Por favor, no comáis más, me ha quedado horrible. ¡Horror! Aquello fue el despiporre:
-¡Joder, menos mal que lo dices tú, no hay quien le meta mano!-dice uno
-No te quería decir nada...con lo que te habrás esforzado ¿puedo escupir?-dice otra
-Mira, no hagas más tartas-dice el otro
-¿Me lo puedo llevar a la obra, para enseñarles como hay que hacer un hormigón armado en condiciones?-dice el del tenedor
Y mi santo, el pobre, temiendo mi subida y bajada de hormonas, que no quiere que me disguste, me defiende:
-Jo, que la ha hecho con mucho amor....(te quiero mi vida, siempre te querré-pienso yo-)
Descojone total, lo terminó de rematar el pobre defendiendo lo indefendible, el tema de la noche fue mi tarta de manzana. Toda conversación acababa con la dichosa tartita a Ojo. De nada me sirvió echarle la culpa a mi compañera, la de la receta.
Desde entonces, siguen comiendo muy bien en nuestra casa. Comentarios tipo desde hace 6 años:
-Mañana cenita en casa ¿vale?
-Vale, pero sin tarta.
-Uy, como pesa esto
-Como la tarta de manzana de Tita
-Chicas, me han enseñado una receta nueva
-¿Como la de la tarta de manzana?
-Esto hay que arreglarlo con masilla...
-Titaaaa, ¿me haces una tarta de manzana?
-Chicos, pasado mañana el cumple de la nena
-Vale, pero juramé que la tarta es comprada
Cualquier miembro nuevo que se incorpore al grupo será informado debidamente de que nunca, bajo ningún concepto, aceptará comer una tarta de manzana en nuestra casa, y le contarán toda la historia.
No os dé pena de mí, todos en el grupo tenemos nuestro propio historial, que utilizamos debidamente jajajaja.
Y para terminar, os pongo una receta bien documentada y probada de tarta de manzana tipo American Pie (la que va rellena de compota de manzana) que mi santo, siempre dispuesto a confiar en mí, probó y me pide que se la repita. Esta es la buena, pero nuestros amigos se niegan a probarla, dicen ellos que si mi marido me ha dado otra oportunidad es porque el amor es ciego...
Pie (se pronuncia pai) de manzana:
Se compra masa de hojaldre hecha, se extiende y se engrasa un molde mediano con mantequilla. En cazo aparte se ponen a cocer 6 ó 7 manzanas reineta peladas, y troceadas con poco agua y azucar al gusto y canela. Cuando está blandito y riquísimo, se pone en el hojaldre y se cubre con el resto de masa que sobresale. Se pinta con huevo batido y se pone en el horno precalentado a 180 grados hasta que la masa está dorada y hecha por arriba y por abajo (poco tiempo).
Templada está buenísima, y también se pueden hacer individuales, como si fueran empanadillitas (rellenar cada masa de empanadilla, cerrar, pintar con huevo y al horno a dorar, buenísimas.
Ésta, os lo prometo, está buenísima.