Editado: uno de mis post de San Valentín favoritos
¡Feliz San Valentín a todos!
Un blog para los que aprecian la importancia de la cocina en el hogar,también la cocina como arte. Un blog sin pretensiones, acerca de la comida, el Amor y la vida de cada día.









Pues eso, que ya están aquííííí....y añoro aquellos largos años en los que no sólo no comía ningún dulce de navidad, sino que me preguntaba quien demonios los compraba y hasta los zampaba. Si en todas las casas había una bandeja con turrón cortado y polvorones que tal y como se ponía el 20 de diciembre, parecía que se retiraba en las mismas condiciones el 7 de enero.
En todas las casas se ofrecía. Y nunca nadie comía.
¡Ay! ahora cuando los veo a finales de octubre...me da en el mismo segundo un pinchazo de alegría, y otro de horror. Intenté esquivarlos una semana. Pasé por su lado torciendo la cabeza y poniendo una mano para no mirar. La segunda semana, la primera de noviembre, fue superior a mi debilitada voluntad de embarazada voluble. Compré polvorones. De los de papel blanco. Y turrón duro de Alicante, nuestro favorito. Y nos duraron al santo y a mí el increíble...rato...de ¡¡¡3 horas!!???? Tal vez fueron 6. El caso es que el domingo no había.
Y esto no puede ser. Y si hubiera un saco, un saco caía. Así que, visto que estamos aún en noviembre, y que yo no puedo, ni debo, engordar 25 kilos en 2 meses a base de manteca de cerdo envuelta en papel blanco...pues decidimos comprarlos sólo en fin de semana.
Pues eso, que se acerca el finde y con él de nuevo ¡¡¡la operación polvorón y pe-lechuga para compensar!!
Aunque a lo mejor este finde, caen dos bolsas, para celebrar. Hoy fuimos a la ecografía de diagnóstico prenatal, que es más extensa y profunda, para analizar bien el "quiste". No afecta a nada, no está pegado a nada, ni a la bebé, ni a la placenta, ni al cordón umbilical. Tiene pinta de que fue un hematoma que se ha quedado así, como en una burbuja, y ahí está...sin estorbar a nadie. Tan bonito ha dicho el ecógrafo que es (al menos las mil fotos que le ha hecho) que dice que las van a usar para publicaciones científicas. Mira, me alegro que al menos el disgusto por su presencia hasta saber que no es nada, le sirva a alguien; ya que como sabéis, mi principal preocupación fue aquella frase del primer gine que lo vió: es que es raro...nunca lo había visto en la placenta por fuera, por dentro sí, pero por fuera, nunca.
Pues mira, para otra que le pase, ya hay literatura científica.
Una pelotita que tiene ahí para jugar mi bebé, que tiene el increíble, inimaginable, y tranquilizante peso de ¡tachán! 2 kilazos, aproximado y que puede variar ¡pero como consuela!
¡Si es que no hay nada como un buen polvorón!
Pd. Jueves noche, en algún lugar de la Comunidad de Madrid. La operación pe-lechuga, diseñada para neutralizar los efectos de la operación P-olvorón se ve amenazada por Gooooogle. Al buscar foto representativa se encuentra página de pedidos directamente a fábrica de Polvorones y Mantecados San Enrique, propietarios de la foto, y que amenaza seriamente la promesa de llevar a cabo la operación P-olvorón en fin de semana ¡Jiuston, jiuston, güi jav a P-roblem!

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Sin entrar en más detalles y argumentos, la protagonista (que casualmente, como yo, también está embarazada) hace traer de Nueva York los perritos favoritos de su amado, de una esquina concreta.
Puedo prometer y prometo que ya antes de ver la película, esto YO ya lo hacía. Que siempre que bajaba a Madrid y me pillaba por el centro, por la Gran Vía, intentaba llevar siempre a mi chico a casa, pese al viaje de 50 km, sus perritos de Nebraska o del Can, como él siempre los llamaba. Los perritos de su niñez, el sabor del perrito de su infancia. Algo tan inaccesible cuando ya no vives en la capital, como al protagonista de la peli, al que se lo encarga su chica a Nueva York como regalo de cumpleaños. Adoro la cara que pone cuando le digo que le traigo una sorpresa, y el muy tontorrón olvida que subo de la capitá (y que si pasé por un Nebraska, se lo compré), y le entrego su cajita/s de poliuretano amarillenta con sus respectivos perritos mixtos con esa salsa de tomate especial Nebraska y una salsa de mostaza que sólo se encuentra allí.
Hacía tantos tantos meses (tal vez años) que no pasaba tan fácil por un Nebraska, que conduje emocionada todo el camino anticipando su alegría ¡tan fáciles somos a veces! ¡Y es tan sencillo además amar por el estómago! Tuve que parar en un semáforo frente a un antiguo emplazamiento de mi trabajo actual. ¡Qué casualidad! No por pasar por allí, que es algo habitual, sino porque paré justo donde debía hacer unos 8 años, en un día de julio como hoy día más, día menos; que nos faltaban pocos meses para casarnos.
Yo por aquel entonces trabajaba a jornada partida en la capital del reino. Hasta agosto no tenía jornada intensiva, por eso recuerdo que era julio. Ese día mi madre, una de mis tías, y por entonces mi novio (hoy santo) comieron conmigo, y yo me fui a completar mi horario de tarde mientras me esperaban los tres para ir a ver los regalitos que ibamos a dar a nuestros invitados en una tienda que había por la calle donde trabajaba. Trabajo en balde, porque no encontrando nada lo suficientemente útil para que no terminara en los honorables cubos de basura de nuestros invitados, al final mi madre terminó fabricando a mano unas bolsas aromáticas con nuestras iniciales y mi tía rellenándolas de lavanda.
Pero el día de marras, ese día de julio en el que debían venir a buscarme a la salida del trabajo, les vi venir, yo contenta, con el agobio del calor, pero la alegría del sol y de la tarde por delante con mi chico y nuestras carabinas, y la perspectiva de casarnos ya tan por fin, y con nuestra casa por fin entregada hacía un par de escasas semanas.
Mi chico venía con una bolsa, grandecita. Les pregunté qué habían estado haciendo durante esas horas. Por supuesto, habían arrastrado a mi chico de tiendas mientras cotorreaban agusto. Y ellas, muy ladinas, y muy marujas y chivatas, se chivan y me ponen al tanto:
-Tu chico se ha empeñado en comprar unas sábanas, hemos hecho lo que hemos podido, ya le hemos dicho que no te iban a gustar-Oy oy oy-(Conste que adoro a mi madre, y a mi tía, y que recuerdo ese "corporativismo" femenino de "deja las cosas serias de decoración a las chicas, cariño" como una brujería más propia de suegra y tía-suegra, que de madre-tía carnales a mi favor.

En el semáforo en rojo me dió tiempo a mirar el sitio donde mi chico, tan decidido, extrovertido y echao pálante siempre él; me miraba con ojos de cordero degollado mientras las arpías (con todo mi amor) se frotaban las manos anticipando el "ya te lo decíamos, ya te lo decíamos". A esas alturas yo ya me estaba preguntando qué clase de sábanas habría comprado mi amor que le estaba dando material de tan primera mano a su suegra y una de sus tías-suegras. A cámara lenta recuerdo esos ojos mansos y casi asustados, mientras sacaba de la bolsa el famoso juego de sábanacolcha+almohada para enseñármelo.
De esa bolsa salió el juego más bonito que haya tenido en mi vida hasta el momento. Se trataba de una sábana fuerte encimera para el verano y una funda grande de almohada en azules noche degradados, de más claro (en noche) a más oscuro, cuajado de estrellas y con una luna preciosa tanto en la colcha como en la funda. Los ojos sin querer se me debieron de iluminar, al verlo, y al mirar a los de mi chico que recibía no ya triunfal, sino sabeedor de que era nuestro juego, hallado por él y comprado para los dos, y que no sólo le gustaba a él, sino que me iba a encantar a mí.
¿Cómo no iba a gustarme si desde que mi chico pudo entrar en mi casa de novios, me cuajó el techo de mi habitación de estrellas y constelaciones de las que se iluminan por la noche?
Esa mirada entre los dos tras ver las sábanas, esa mirada de "estamos en nuestro mundo, y estas son las estrellas y la luna que vemos" son para mí la base de definiciones como las de complicidad, y las de entender que el amor de pareja y el de familia son tan intensos y reales como diferentes. Y que como madres conoceremos como respiran nuestros hijos, pero sus parejas conocerán y compartirán cosas que jamás nos contarían a nosotros (o que nosotros mismos no hemos contado) Las personas-hijos somos diferentes de las personas-parejas, con objetivos e intereses diferentes y con perspectivas a veces opuestas.
Sirva esta pequeña anécdota de reafirmación del amor de mi madre (que sepáis que me lee), de mi infinito amor hacia ella, hacia mi hija y de lo que me sirven todas estas experiencias para enfrentarme a su crianza y a su mundo, y como no, a disfrutar el amor por mi santo.
Y como todo en mi vida parece estar relacionado, hasta los nombres de los post, un recuerdo para nuestra compañera rubia de cuatro patas (nuestra perra), que con sólo 7 años y por un tumor inoperable, nos ha abandonado hace ya 3 meses (no pude decir nada en su momento ¡vaya año!) y que para hacérselo más llevadero a nuestra nena, que nació cuando ella ya era nuestra mascota, le dijimos que aunque muerta, era Venus o la Estrella polar, para que pueda seguir viendola cada noche y lanzarla un beso y contarle sus cosas si ella quiere.
Pues eso, y termino como empiezo. De amor, de perritos y de estrellas ¡hasta siempre, compañera!

Genial....¿eh? Que no se diga que mi blog no habla de cocina también....
Y bueno, pues ahora nomino a contestar a este Meme a: Pluvisca, Azul, Carmen, Gonza, Pequitas y Lilith
¡Un abrazo!
