martes, 13 de agosto de 2013

Libros de verano

Era reticente yo a pisar más la era digital, en cuanto a lectura se refiere. Pero ya he caido, ¡y de qué manera!

A veces leo con ansiedad por comenzar lo siguiente, anticipando todo lo que tengo en espera, recomendado, buscado, apetecido, encontrado ¡es terrible!

Me sigue gustando el papel porque no se le acaba la batería, y aunque pese, va donde yo vaya.

Os recomiendo muchísimo a Enric González. Tiene libros cortísimos, así que es posible zamparse toda su bibliografía en una semana de vacaciones. De su etapa de corresponsal: Historias de Nueva York, Historias de Londres, Historias de Roma, Historias del Calcio, y también me he leido el último, Memorias líquidas. La pena es que son cortísimos, pero me encanta como escribe y qué bien se entiende una ciudad, si son sus ojos y sus palabras las que te lo cuentan. Me gustó muchísimo, especialmente para entender Italia, Historias de Roma. Me encantaba buscar en el google maps, Street View (el viaje moderno del pobre) las calles y lugares que iba describiendo. Luego Historias de Londres.
 
La caida de los gigantes de Ken Follet. Hace mucho tiempo leí Los pilares de la tierra, un libro conocidísimo por todos, gordísimo, que daba mucha pena que terminara.
Este libro también es gordísimo...y se hace eterno. Se me ha hecho pesadísimo, no me parece demasiado bien escrito y no engancha. Creo que mete demasiadas familias, demasiados frentes abiertos que dan mucha pereza seguir, aunque luego es lo único que realmente me hizo terminarlo: la pura novela de las personas y sus historias. La I GM se me ha hecho pesadísima de su mano. Me gusta la historia, pero dependiendo de quien me la cuente.
 
En todo caso, y aunque me ha costado la vida terminarlo (además de lo que me afectaban las batallas...) saber que tiene continuación con la II GM en El invierno del mundo, me pica. Ya veremos si lo leo. Supongo que sí. Fijo ¡Maldito folletinero!
 
 
 
He leído Cinco Cuartos de naranja, es la misma autora que Chocolat. Es increíble que haya escogido un libro de la II GM, aunque esta vez de fondo...y de envoltura. Un libro magnífico, unos personajes muy bien dibujados, aunque cuando lo piensas no son profundos, y no sabes como ha conseguido la autora que te pongas del lado de todos y en contra de todos también. Pura humanidad. Es dolorosísimo el amor contenido y no expresado que hay, la convivencia desgarradora, los intereses sobre lo demás, lo difícil que es convivir con la enfermedad en casa. Me ha gustado muchísimo, además que la protagonista lee durante todo el libro un recetario de su madre, donde iba anotando pensamientos, recuerdos e ideas entremezclados con las recetas. Como este blog ¡salvando las distancias! Framboise vuelve muy mayor a su pueblo de origen ocultando su verdadero nombre y procedencia...esconde un gran secreto que los habitantes del pueblo recuerdan, y que no le perdonarían si la reconocieran...
 
 
 
 




Acabo de terminar, para desintoxicarme, y reirme un poco, La tía Mame. Es un libro delicioso, irónico, que refleja la norteamérica de principios del siglo XX, en los años 20 y su sociedad. La tía Mame, una excéntrica y rica señora, se hace cargo de su sobrino cuando queda completamente huérfano a los 10 años. Aunque no se cría con ella, ya que por otras influencias acaba en un internado, Patrick tendrá más cerca a su tía Mame de lo que nunca tuvo a su padre, y a través de sus recuerdos nos lleva por los desvaríos, extravagancias, excentricidades y ocurrencias más hilarantes de su tía durante su niñez, adolescencia, juventud...y madurez. Un gran libro, muy recomendable.
 
 
 
 
 
 
He leido a Elvira Lindo. Ya hace tiempo que me leí Tinto de verano en sus 3 volúmenes, entretenido y de muy fácil lectura, para el verano. Ahora me he leído Lugares que no quiero compartir con nadie, de sus vivencias en Nueva York, donde vive 6 meses al año con su marido, el también escritor Antonio Muñoz Molina. Me ha resultado un libro entretenido y divertido a la manera de Elvira, te tiene que gustar, y a mí ella me gusta, es neurótica y cachondísima. Es terriblemente descriptiva sin dobleces ni paños calientes sobre Nueva York, el sueño americano y la tierra de las oportunidades. La carta que le escribe a un periodista español que quiere dejar España y arrastrar allí a su familia sin trabajo para buscar una oportunidad es terrorífica en su descripción de la vida cotidiana para un currito medio en la gran manzana. Hace un recorrido maravilloso por los lugares que no quiere compartir con nadie, que por supuesto, son de comida, como a mí me gusta. Es un libro también para autojustificarse mucho, escrito en muchas ocasiones para sus detractores, y que francamente, me molesta porque quiero leerla a ella, no a sus enemigos a través de ella.
 
También últimamente he leído Un viejo que leía novelas de amor ¡qué desesperación querer y no saber, y luego no poder leer! Una historia cortita, hermosa, de vida, de muerte, de debilidad y de humanidad. Muy corta, podría ser el primer capítulo de una gran novela. Recuerda mucho al Macondo original de Gabriel García Márquez, y al Amor en los tiempos del cólera en lo que podría haber sido.
 
 
Y con esto y un bizcocho, me voy a comenzar éste libro que me han recomendado mucho, y encima es gordo:
 
 

martes, 9 de julio de 2013

La Mujer Que Vivió Un Año En La Cama

Mucho silencio, todo va regular en la forma, pero vertiginosamente bien en el fondo por lo que no me siento autorizada a quejarme.
 
El trabajo va regular tirando a mal, pero cobramos todos los meses que es más de lo que puede decir mucha gente. Mis hijas no tienen leucemia, ni están desahuciadas por la medicina. Yo no he encontrado ningún bulto en mis pechos este mes y mi marido está a punto de cumplir 37 años como 37 flores y no ha sufrido un ataque al corazón, aunque el pelo haya abandonado en parte su tejado. Exceso de testosterona parece ser, cosa que me parece fenomenal. Mi madre tiene una ridícula alergia tardía a la leche pero sus mamografías están de película. Mi hermana, cuñado y sobrinas están visitando 4 capitales de Andalucía por el módico precio de 88 euros+cánticos al amanecer+catequesis antes de dormir que nos van a dar más de un motivo para descojonarnos todos juntos.

Ayer terminé este libro: corred a leerlo.



Es terrible, gracioso, triste y maravilloso. Es realidad enlatada en 233 páginas, con verdades cotidianas como puños y preguntas con respuestas más que evidentes ¿Cuántas personas están en disposición de meterse un año en la cama? lo extraño es la poca gente que lo hace...

Si lo leéis y os acordáis de mí, encontraréis un párrafo muy cortito que le va a este blog que ni pintado. Os reto a encontrarlo y a ponerlo en un comentario. Con lo que tardo en actualizar...dará tiempo de sobra a leerlo. Prometo como premio un post dedicado al ganador, tratando de reconstruir desde cuando conozco a ese bloguero/a.
 
Besos mil. Abrazos apretaos.
 
Cumpleaños sin ti papa. Serían 66.

domingo, 5 de mayo de 2013

Flores para mi madre

Recuerdo una foto vieja de cuando yo era un bebé. Estoy en brazos de mi madre, a contraluz, soy un bebé muy pequeñito y ella me sostiene amorosa junto a su pecho. No me está amamantando, me está dando un biberón, pero eso no le quita ni un gramo de magia al momento, capturado en la foto, y grabado en nuestros corazones para siempre.
 
Este es un post de amor, y de comida, como no podía ser menos.
 
Es un post de amor porque es para mi madre, el que me dió, el que me da, y el que le tengo. Y es un post de comida porque nunca había hablado de la lactancia materna, tema tan en boga en la blogosfera. No pretendo abrir debate, sino simplemente dejar aquí mi experiencia, igual o diferente que la de cualquiera.
 
Dar el pecho no te hace mejor madre, lo sé por experiencia. No porque yo le haya dado el pecho a las mías o no, que tras pensarlo, no es motivo de este post.
 
Mi madre no me dió el pecho, pero me deseó, me persiguió, se sometió a uno de los peores tratamientos de fertilidad, los manuales, cuando no existía ni la inseminación artificial ni la fecundación in vitro. Me persiguió cuando otras mujeres no podían más y destrozadas, tenían que abandonar. Me amó y me ama desde antes de ponerme cara, trabajó mil horas por mi y por mi hermana, y duerme con la maleta en la puerta por si le llamo a las 5 de la mañana por si alguna de sus nietas tiene fiebre. Ahora es madre de madres, y eso la convierte en madre infinita, como dice Ana hoy.
 
Desde siempre en primavera le llevaba decenas y decenas de ramitos de flores, sobre todo margaritas que ella colocaba en decenas de vasitos de yogur.
 
Hoy también te mando flores máma, todo un campo. Menos de las que mereces ¡siempre!
 
 
Besos a todas las madres,  a vosotras, a la madre de mis sobrinas, a las recientes, a las antiguas, a las repetidoras, a las madres que aún no lo son pero lo desean, a las que llevan el nombre en su vientre, a las que lo perdieron, a las que parieron, y a las madres que acunan los que otras parieron, a las madres de las madres y de los padres, a las madres que están en cuerpo y alma, a las que ya sólo están en alma, a las madres de hijos que ya no están, pero que las hicieron madres para siempre.
 
Y sobre todo, a mi madre.